Bogotá, 13 de abril de 2026 – El presidente Gustavo Petro elevó este martes su confrontación con el Banco de la República al calificar como una “estupidez” la decisión de subir la tasa de interés a 11,25%, tras un incremento de 100 puntos básicos aprobado a finales de marzo. La declaración, difundida por medios, se suma a una serie de críticas en las que el mandatario ha cuestionado abiertamente a la junta directiva del Emisor y su política monetaria.
El origen del choque está en la decisión adoptada el pasado 31 de marzo, cuando la junta aumentó la tasa desde 10,25% hasta 11,25%, completando un alza acumulada de 200 puntos básicos en el primer trimestre del año. El Banco justificó la medida en la persistencia de presiones inflacionarias y en el deterioro de las expectativas, que fueron revisadas al alza hasta un rango cercano al 6,5% para el cierre del año.
El incremento superó lo que anticipaban los mercados y provocó una reacción inmediata del Gobierno. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, abandonó la sesión de la junta en señal de protesta y luego confirmó que el Ejecutivo se retiraba políticamente de ese espacio. Según el funcionario, la subida de tasas afecta la reactivación económica y el crecimiento.

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Petro ha ido más allá en sus cuestionamientos. Además de afirmar que la decisión busca “matar la economía colombiana”, sostuvo que se trata de un “acto electoral y no científico” que favorece a sectores financieros. También respaldó una carta firmada por ministros, académicos y organizaciones sociales que califica el aumento como “la peor torpeza de la historia nacional y del mundo”.
El presidente argumenta que, mientras otros bancos centrales estarían estabilizando o reduciendo tasas, Colombia endurece su política monetaria en un contexto en el que, según su visión, la inflación ya muestra señales de descenso. Incluso advirtió que la proyección de crecimiento para 2026 podría bajar de 2,9% a 2,6% como consecuencia de esta decisión.
Desde el Banco de la República, la respuesta ha sido institucional. En sus comunicados, la entidad ha reiterado que su prioridad es llevar la inflación a la meta, proteger el poder adquisitivo y garantizar la estabilidad financiera. Sus directivos insisten en que las decisiones se toman con criterios técnicos y en el marco de la autonomía que establece la Constitución.
El enfrentamiento no es nuevo, pero ha escalado en las últimas semanas. En enero, tras un primer aumento de tasas, Petro ya había calificado la medida como una “estocada suicida” y planteó la posibilidad de reformar el Banco mediante una Asamblea Constituyente. La salida del ministro de Hacienda de la junta y el tono de las declaraciones recientes marcan el punto más alto de la tensión entre el Ejecutivo y el Emisor.
El debate refleja un choque de enfoques sobre la economía. Mientras el Gobierno prioriza el crecimiento y la reactivación, el Banco defiende el control de la inflación como condición para la estabilidad. La confrontación abre interrogantes sobre la relación entre ambas instituciones y el margen de autonomía del banco central en medio de presiones políticas.






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