TUIT: «Está muy bien que Mancuso colabore con el proceso de reparación a las víctimas, pero sobra por completo el proceso de beatificación que el gobierno le está proporcionando». Félix de Bedout.
TUIT: «La beatificación de criminales y dictadores es la consigna del gobierno colombiano. En paralelo, la intimidación a los empresarios, la presión para decapitar a los directores de medios de comunicación, la destrucción de los sectores productivos, la nacionalización de sectores mediante la asfixia financiera y la intervención regulatoria son su camino para la ruptura institucional. Ni el Congreso ni las Cortes pueden prestarse para esta institucionalización del crimen» Iván Duque.
En los últimos días, la palabra «beatificación» ha comenzado a resonar fuertemente en los discursos críticos hacia el gobierno de Gustavo Petro. Tanto periodistas como figuras políticas, incluido un expresidente, han empleado este término con la aparente intención de desacreditar la política de justicia transicional que el gobierno ha impulsado, particularmente en el caso del exjefe paramilitar Salvatore Mancuso.
Dos tuits recientes han promovido este debate. El periodista Félix de Bedout comentó que si bien la colaboración de Mancuso en la reparación a las víctimas es bienvenida, el gobierno parece estar facilitando su «beatificación», un término que resuena en un segundo tuit del expresidente Iván Duque, quien acusa a la administración de Petro de beatificar criminales y dictadores, junto con otras acusaciones graves sobre la supuesta dirección política del gobierno.
El intercambio simbólico de sombreros vueltiaos entre Gustavo Petro y Salvatore Mancuso durante un evento de entrega de tierras en Montería, Córdoba, se ha convertido en el centro de la polémica. Este gesto, percibido como un acto de reconciliación, ha sido interpretado por muchos sectores críticos como una forma de legitimación de la figura de Mancuso, quien fue comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una organización paramilitar que fue responsable de innumerables violaciones de derechos humanos durante el conflicto armado.
El evento, que tenía como propósito avanzar en el proceso de reparación de las víctimas mediante la entrega de tierras confiscadas a antiguos jefes paramilitares, adquirió un tono simbólico cuando Mancuso ofreció disculpas públicas por los crímenes cometidos bajo su mando. Sin embargo, el simbolismo del acto ha sido utilizado por críticos del gobierno para crear una narrativa en la que Petro estaría, supuestamente, «beatificando» a un criminal de guerra, dándole un rol más prominente y legitimador en el escenario político colombiano.
El uso de «beatificación» y “beatificar” no parece casualidad. Tanto el periodista como el expresidente lo utilizan estratégicamente para cargar de connotaciones religiosas y morales el debate, sugiriendo que el gobierno de Petro no solo está facilitando la reintegración de Mancuso en la sociedad, sino que está elevando su figura al nivel de un santo o mártir. Este término puede indignar y movilizar emocionalmente a un sector de la población que ve con sospecha las políticas de reconciliación del gobierno, especialmente cuando involucran a figuras altamente controvertidas como Mancuso.
En la política, los términos cargados emocionalmente son herramientas poderosas. Al utilizar «beatificación», los críticos están enmarcando la acción del gobierno como un acto de complicidad con la impunidad y no como una medida pragmática dentro de la justicia transicional. Este tipo de lenguaje también alimenta la polarización política, reforzando la narrativa de que Petro está tomando decisiones que ponen en peligro la justicia, y que lejos de castigar a los criminales, los eleva a un estado casi de absolución moral.
La justicia transicional, enmarcada en el proceso de paz de Colombia, está diseñada para encontrar un equilibrio entre verdad, justicia, reparación y no repetición. El acto de perdón y reconciliación que se vivió en Montería es un componente fundamental de este proceso, pero para ciertos sectores críticos del gobierno, esto se está transformando en una legitimación abierta de criminales de guerra.
Quienes acusan al gobierno de beatificar a Mancuso están posicionándose estratégicamente. Al tiempo que critican el acto simbólico, están enviando un mensaje más amplio sobre la dirección del gobierno de Petro. Para ellos, el enfoque del gobierno en la reconciliación y la justicia transicional está fallando en castigar a los responsables del conflicto armado, y está dando espacio para que figuras como Mancuso puedan reescribir su legado y posicionarse como actores políticos relevantes.
Esto también tiene un trasfondo electoral. La narrativa de que el gobierno está favoreciendo a criminales, busca movilizar el rechazo hacia la figura de Mancuso, con claras implicaciones para desacreditar a Petro de cara a sus propios desafíos políticos y electorales en 2026. Al instalar la idea de que Petro está institucionalizando la impunidad, los críticos buscan erosionar el apoyo popular a su administración, presentando sus decisiones como una traición a las víctimas y un peligro para el Estado de Derecho.
El uso reiterado del término «beatificación» y sus derivaciones, muestra una estrategia retórica bien calculada. Al asociar al gobierno con la legitimación de criminales, los sectores opositores buscan fortalecer la percepción de que las políticas de reconciliación de Petro son demasiado laxas y que están desdibujando la línea entre la justicia y la impunidad. Esta narrativa tiene el potencial de fortalecer las voces críticas dentro y fuera del Congreso, quienes ven en estos gestos de reconciliación una amenaza para la credibilidad del proceso de justicia transicional en Colombia.
Además, el expresidente Duque, al ampliar la crítica hacia una ruptura institucional, interpreta el gesto simbólico entre Petro y Mancuso, como parte de una estrategia mayor del gobierno para consolidar su poder y cambiar el funcionamiento de las instituciones en Colombia. Esto alimenta una percepción de crisis que podría movilizar a sectores opositores, pero también polarizar aún más el debate político.
La respuesta del gobierno ante esta narrativa será crucial para mantener el equilibrio entre justicia y reconciliación, y demostrar que la justicia transicional puede avanzar sin caer en la legitimación de criminales. La clave para Petro será gestionar esta narrativa, y evitar que se convierta en una herramienta poderosa de movilización para sus adversarios políticos, y se profundicen las divisiones en el debate nacional.



