EN SÍNTESIS
Más de 900 dirigentes de 301 organizaciones sindicales, con presencia en 30 departamentos, anuncian su adhesión a la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico. Conforman una Comisión Nacional de Campaña de Trabajadores y Sindicalistas para coordinar el respaldo y defender la continuidad de las reformas sociales impulsadas por el presidente Gustavo Petro. El anuncio ocurre tras el apoyo de la USO nacional al precandidato Roy Barreras, lo que evidencia una división en el movimiento obrero sobre quién debe encabezar la continuidad del llamado Gobierno del cambio en 2026.
EN PROFUNDIDAD
La adhesión masiva de dirigentes sindicales a la campaña de Iván Cepeda reordena el mapa de apoyos dentro del progresismo colombiano y convierte al movimiento obrero en un actor decisivo de la contienda presidencial. No se trata solo de un respaldo simbólico. La creación de una Comisión Nacional de Campaña de Trabajadores y Sindicalistas apunta a articular estructuras territoriales, seccionales y federaciones sectoriales con capacidad de movilización real en empresas, entidades públicas y regiones donde la organización sindical mantiene influencia histórica.
El documento de adhesión está firmado por más de 900 dirigentes de 301 organizaciones con presencia en 30 departamentos. Entre los firmantes figuran dirigentes de las tres principales centrales obreras del país, la Central Unitaria de Trabajadores, la Confederación General del Trabajo y la Confederación de Trabajadores de Colombia, además de integrantes del comité ejecutivo de Federación Colombiana de Educadores. También aparecen líderes de sectores estratégicos como educación, salud, justicia, transporte, industria, servicios públicos, agro y sistema financiero.

En la declaración pública, los firmantes sostienen que reconocen en Cepeda la figura para “profundizar los cambios sociales” y garantizar un“segundo gobierno del cambio”. El respaldo se apoya en su trayectoria como defensor de derechos humanos y en su acompañamiento a la agenda social del actual Ejecutivo. Desde 2022, las centrales obreras han sido protagonistas en movilizaciones que respaldaron las reformas laboral, pensional y de salud impulsadas por la administración Petro. Esa alianza entre Gobierno y sindicatos consolidó un bloque político que ahora busca proyectarse más allá del actual mandato.
La apuesta de Cepeda por continuar el programa gubernamental, ratificada cuando fue confirmado como candidato presidencial del Pacto Histórico en 2025, reforzó esa identificación. Para un sector amplio del sindicalismo, su candidatura representa la posibilidad de blindar y ampliar transformaciones que consideran avances en derechos laborales y salariales. El apoyo organizado pretende enviar un mensaje político, pese a que la dirección nacional de la Unión Sindical Obrera anunció días antes su respaldo a Roy Barreras.

La USO, sindicato mayoritario en Ecopetrol y actor clave en debates sobre política energética, justificó su decisión al señalar que Barreras ofrece mayores garantías para una transición energética “viable, ordenada y sustentable”, sin comprometer empleo ni ingresos en el sector de hidrocarburos. Su postura refleja tensiones internas sobre el ritmo y alcance de la transición promovida por el Gobierno, así como sobre la manera de equilibrar la agenda ambiental con la estabilidad de industrias estratégicas.

Aunque la dirección nacional de la USO se inclinó por Barreras, varias de sus seccionales regionales aparecen entre los firmantes que apoyan a Cepeda. Esa divergencia interna expone que la discusión no es únicamente electoral. También atraviesa debates sobre modelo productivo, soberanía energética y el papel del Estado en la regulación laboral. El pulso por las adhesiones sindicales sintetiza esas diferencias y las traslada al terreno de la campaña presidencial.
Para Cepeda, consolidar el respaldo de 300 organizaciones significa asegurar una red territorial con capacidad de pedagogía política y movilización electoral en sectores donde el sindicalismo mantiene presencia orgánica, como el educativo y el estatal. Para Barreras, el apoyo de la USO y de otros dirigentes le permite proyectarse como una alternativa capaz de conciliar la agenda social con las preocupaciones de trabajadores de industrias extractivas frente a cambios estructurales.

La cohesión del movimiento obrero será determinante a medida que avance la contienda interna del progresismo. La Comisión creada para respaldar a Cepeda busca coordinar actos, foros y actividades en centros laborales y regiones, mientras el bloque que respalda a Barreras intenta posicionar una narrativa de equilibrio entre reformas y sostenibilidad productiva. La manera en que estas corrientes logren articularse o competir marcará el peso real del sindicalismo en la definición de la candidatura y en la capacidad de incidir en el programa del próximo gobierno.






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