Washington, 11 de agosto de 2026. El Brent alcanzó 87,72 dólares al cierre del 10 de agosto y llegó a aproximarse a 90 dólares durante la mañana siguiente. El WTI también aceleró su cotización, mientras Estados Unidos e Irán mantenían posiciones incompatibles sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. Para Colombia, el movimiento vuelve a trasladar una crisis geopolítica hacia variables fiscales, cambiarias e inflacionarias.
La dificultad central está en que Washington concentra la negociación en una garantía pública de navegación comercial, mientras Teherán condiciona el tránsito a concesiones económicas y militares mucho más amplias. Esa distancia reduce las posibilidades de una normalización rápida y mantiene una prima de riesgo sobre el crudo. El eventual acuerdo técnico entre Irán y Omán puede facilitar corredores marítimos, aunque la propia Guardia Revolucionaria ha advertido que ese mecanismo no resolvería el desacuerdo político con Estados Unidos.
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Cada dólar adicional en el Brent tiene efectos ambivalentes para Colombia. La mayor cotización puede elevar los ingresos derivados de las exportaciones petroleras y mejorar el recaudo asociado al sector. Al mismo tiempo, encarece derivados, transporte e insumos importados. El resultado depende también de la tasa de cambio y de cuánto del incremento externo termine trasladándose al mercado interno.
Ahí aparece una presión específica para el Gobierno de Abelardo de la Espriella. Si el crudo permanece elevado mientras los precios domésticos de los combustibles avanzan con menor velocidad, el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles absorbe una diferencia mayor. Los cálculos citados en el reporte sitúan en 10,7 billones de pesos el posible costo para 2026 bajo un Brent cercano a 100 dólares y un dólar alrededor de 3.700 pesos. Esa cifra corresponde a un escenario analítico, no a una proyección oficial actualizada.
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La administración tendrá entonces que administrar una tensión entre el beneficio exportador y el costo de contener los precios internos. Trasladar rápidamente la subida internacional puede aliviar las cuentas públicas, aunque añade presión sobre inflación y transporte. Absorberla mediante subsidios protege temporalmente a los consumidores, a costa de ampliar el esfuerzo fiscal. La decisión adquiere mayor sensibilidad a medida que avance el calendario político y aumente la atención sobre el costo de vida.
El factor externo seguirá siendo determinante mientras Ormuz permanezca sujeto a una disputa cuya salida todavía depende de concesiones que Washington y Teherán no han aceptado. Para Colombia, la señal relevante no será únicamente dónde termine el Brent, sino cuánto tiempo permanezca elevado y cómo interactúe con el dólar, el FEPC y los precios internos. Si la restricción marítima se prolonga, una bonanza temporal de ingresos petroleros podría convertirse en una fuente adicional de presión sobre las decisiones económicas del Gobierno.









