Bogotá, 10 de agosto de 2026. El sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, encontró a Abelardo de la Espriella apenas tres días después de asumir la Presidencia. Ante los reportes preliminares de víctimas y daños, el mandatario convocó al Comité Nacional para el Manejo de Desastres, ordenó instalar un Puesto de Mando Unificado y asumió personalmente la coordinación de la emergencia.
La rapidez de esas decisiones abre un examen temprano para una administración cuyos equipos todavía están en proceso de consolidación. Los protocolos activados corresponden a los mecanismos institucionales previstos para este tipo de situaciones. El componente político surge del protagonismo asumido por el jefe de Estado, quien busca transmitir control y cercanía mientras la UNGRD recopila información desde Chocó, el Eje Cafetero y otras zonas afectadas.
La emergencia lleva además al terreno operativo el discurso de autoridad y presencia estatal que acompañó a De la Espriella durante la campaña. Su resultado dependerá ahora de factores verificables como la llegada de ayuda humanitaria, la coordinación con alcaldes y gobernadores, la evaluación de infraestructura y la atención de los damnificados. La visibilidad presidencial puede fortalecer esa percepción inicial si está acompañada por una ejecución eficaz.
La UNGRD tendrá un papel especialmente sensible. La entidad opera bajo una dirección interina y deberá demostrar capacidad para articular instituciones nacionales y territoriales mientras aumenta la información sobre daños y necesidades. Eventuales fallas o demoras podrían trasladar rápidamente el costo hacia la Casa de Nariño.
Tres días después de la posesión, una circunstancia imprevista acelera el examen del nuevo Ejecutivo. La gestión del sismo ofrecerá una referencia temprana sobre cómo De la Espriella ejerce el mando cuando la autoridad presidencial depende de coordinación institucional, recursos disponibles y resultados concretos.









