Bogotá, 1 de agosto de 2026. La Junta Directiva del Banco de la República decidió mantener la tasa de interés de política monetaria en 12%, pese a que la inflación anual volvió a subir hasta 6,14% en junio. La determinación coincidió con la última reunión del organismo durante el gobierno de Gustavo Petro y sorprendió a parte del mercado, que esperaba una respuesta más restrictiva frente al comportamiento reciente de los precios.
La decisión muestra que el Emisor privilegió la estabilidad de su estrategia antes que reaccionar de inmediato a un dato mensual adverso. Después del aumento de 75 puntos básicos aprobado un mes antes, la Junta parece haber considerado que ese ajuste aún necesita tiempo para transmitirse plenamente a la economía. Esa lectura también sugiere que el repunte inflacionario todavía no constituye, por sí mismo, evidencia suficiente para modificar otra vez el rumbo de la política monetaria.
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El entorno económico ayudó a ampliar ese margen de maniobra. La reciente depreciación del dólar perdió intensidad durante las semanas previas a la reunión, reduciendo parte de las presiones sobre los precios de bienes importados y ofreciendo un elemento adicional para evitar un endurecimiento inmediato. La combinación entre una inflación persistente y un comportamiento cambiario más favorable obligó a equilibrar dos riesgos, contener el aumento de los precios sin profundizar la desaceleración de la actividad económica.
El cierre del ciclo de decisiones bajo la administración Petro también adquiere un significado institucional. La última determinación de la Junta transmite continuidad en los criterios técnicos del Banco y preserva su autonomía frente a un contexto político marcado por presiones fiscales y por la transición hacia un nuevo gobierno. Aunque la coincidencia temporal tiene una carga simbólica evidente, la actuación del organismo fortalece la percepción de que sus decisiones siguen guiándose por variables macroeconómicas y no por el calendario político.
Las proyecciones técnicas conocidas hasta ahora apuntan a un descenso gradual de la inflación, con una convergencia al rango objetivo solo hacia finales de 2028. Ese horizonte prolongado anticipa que las tasas podrían permanecer elevadas durante un periodo considerable, salvo que los próximos indicadores muestren una corrección más rápida de los precios. Al mismo tiempo, si el comportamiento del tipo de cambio continúa ofreciendo alivio y la actividad económica mantiene estabilidad, aumentará el espacio para sostener una postura prudente sin recurrir a nuevas alzas.
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El verdadero mensaje de esta decisión no está únicamente en conservar el 12%. La Junta optó por ganar tiempo para verificar si el reciente repunte constituye un episodio transitorio o el comienzo de una presión más persistente. Esa espera redefine el punto de partida del próximo ciclo monetario y traslada al gobierno entrante un escenario donde las decisiones dependerán menos de expectativas políticas y más de la evolución simultánea de la inflación, el mercado cambiario y el crecimiento económico.









