Bogotá, 31 de julio de 2026. El Gobierno de Gustavo Petro entregó en la Casa de Nariño los primeros documentos desclasificados del extinto DAS, entre ellos expedientes relacionados con los casos de Jaime Garzón y Pedro Julio Movilla. La decisión desarrolla el Decreto 1400 de 2025, que levantó la reserva de más de 57.000 cajas documentales y ordenó un proceso gradual de revisión, digitalización y acceso público bajo controles institucionales.
La relevancia del acto trasciende la entrega inicial de expedientes. La decisión desplaza la discusión desde el contenido puntual de algunos documentos hacia la forma en que el Estado administra su propia memoria. Durante décadas, los archivos de inteligencia permanecieron asociados a la reserva, el secreto y las disputas judiciales sobre su acceso. Con este paso, el Gobierno introduce un criterio distinto, donde la preservación documental comienza a convivir con una política de consulta pública que, si mantiene continuidad, puede modificar la relación entre las instituciones de seguridad y la ciudadanía.
Podría interesarle: Dudas sobre el perfil de la vocera salpican los filtros del gabinete de De la Espriella
El impacto político dependerá menos del simbolismo del evento que de la capacidad del proceso para producir resultados verificables. La apertura documental genera expectativas entre familiares de víctimas, investigadores y operadores judiciales que esperan encontrar información útil para esclarecer responsabilidades o reconstruir patrones de persecución estatal.
Esa expectativa también incrementa la presión sobre el Archivo General de la Nación y la Dirección Nacional de Inteligencia, responsables de administrar un fondo documental cuya magnitud exige tiempos prolongados y criterios técnicos consistentes. Cualquier retraso, inconsistencia o percepción de opacidad puede trasladar el debate desde la reparación hacia la credibilidad institucional.
La medida también reconfigura los incentivos del debate político. Sus defensores la presentan como un avance en verdad, memoria y cumplimiento de obligaciones nacionales e internacionales. Sus críticos advierten que la anonimización y los filtros previstos por el decreto podrían limitar el valor probatorio de parte del material, además de interpretar el acto como un componente del cierre político del actual gobierno. Esa diferencia de lecturas anticipa que la discusión dejará de centrarse en la decisión de desclasificar para concentrarse en la calidad, alcance y utilidad de la información que efectivamente llegue al dominio público.
Podría interesarle: Dos procesos penales aceleran el ocaso político de Evo Morales
Un escenario plausible es que esta experiencia fortalezca nuevas solicitudes para abrir otros archivos de organismos de inteligencia si el procedimiento demuestra capacidad para proteger información sensible sin bloquear el acceso ciudadano. Ese efecto aún depende de los resultados concretos del proceso y de la voluntad de las próximas administraciones para mantener una política archivística de largo plazo. La verdadera dimensión de esta decisión no se medirá por la ceremonia que la inauguró, sino por la capacidad del Estado para convertir un archivo reservado durante décadas en una fuente confiable de memoria, investigación y control institucional.









