Tunja, 27 de julio de 2026. Rafael Guillermo Acevedo Pedroza fue elegido alcalde de Tunja en las elecciones atípicas convocadas tras la nulidad de la elección de Mikhail Krasnov. El candidato de la Alianza Social Independiente obtuvo 10.758 votos, equivalentes al 24,77 % de los sufragios válidos, en una jornada con una participación del 30,71 %. Su administración se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2027 para completar el periodo constitucional.
El resultado devuelve estabilidad institucional a una ciudad que llevaba varios meses condicionada por la incertidumbre derivada de la decisión judicial contra el anterior mandatario. Sin embargo, el desenlace electoral no cierra esa etapa por sí mismo. El respaldo obtenido por Acevedo fue suficiente para imponerse en una contienda ampliamente fragmentada, aunque representa una porción limitada del electorado habilitado. Esa combinación desplaza el centro de gravedad de su administración hacia la capacidad de ejecutar obras, ordenar la gestión pública y construir confianza desde los primeros meses, más que hacia el capital político surgido de las urnas.
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La dispersión entre más de diez aspirantes también deja una señal sobre el escenario local. Ninguna fuerza logró consolidar una mayoría clara, lo que reduce la probabilidad de un liderazgo dominante y amplía el peso de las negociaciones políticas. Ese contexto convierte la relación con el Concejo y con los distintos sectores ciudadanos en un factor determinante para sacar adelante proyectos durante un mandato de apenas diecisiete meses. La habilidad para construir acuerdos podría terminar siendo más relevante que la propia composición inicial de apoyos.
El perfil técnico de Acevedo ofrece una ventaja en esa dirección. Su experiencia en infraestructura y administración pública puede facilitar una agenda orientada a la ejecución, especialmente cuando el tiempo disponible limita el margen para emprender transformaciones de largo alcance. Esa condición también incrementa la presión por mostrar resultados visibles en un plazo corto. Si la administración consigue instalar una percepción de eficiencia, podrá fortalecer una legitimidad que la elección, por sí sola, no proporciona plenamente. Si ocurre lo contrario, la baja participación adquirirá mayor peso en el debate político local.
El antecedente de la nulidad de Krasnov añade un elemento adicional. Después de una intervención judicial que alteró el rumbo institucional de la ciudad, cada decisión del nuevo gobierno será observada bajo estándares especialmente exigentes en materia de legalidad, transparencia y cumplimiento administrativo. Aunque no existen cuestionamientos sobre la elección de Acevedo, el entorno político difícilmente permitirá márgenes amplios para errores de gestión.
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Tunja entra así en una fase donde la estabilidad dependerá menos del resultado electoral que de la rapidez con la que el nuevo gobierno logre recuperar la confianza ciudadana y consolidar capacidad de ejecución. Lo que ocurra durante este corto periodo también influirá en la configuración política con la que la capital boyacense llegará a las elecciones territoriales de 2027.









