Washington/Bogotá, 24 de julio de 2026. El Gobierno de Estados Unidos comenzará a aplicar un arancel del 12,5% a la mayoría de las importaciones procedentes de Colombia, en reemplazo del gravamen temporal del 10% vigente desde febrero. Aunque varios productos estratégicos quedaron excluidos, manufacturas, flores, confecciones y parte de la oferta industrial enfrentarán desde ahora mayores costos para ingresar al principal mercado de exportación del país.
El aumento es limitado en términos porcentuales, aunque su alcance trasciende la diferencia de 2,5 puntos. La decisión confirma que el acceso preferencial al mercado estadounidense dejó de ser un supuesto estable para convertirse en una variable sujeta a revisiones políticas y comerciales. Ese cambio obliga a empresas y autoridades a incorporar un mayor nivel de incertidumbre en sus decisiones de inversión, producción y expansión internacional.

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También modifica la posición relativa de Colombia frente a otros competidores de la región. Mientras algunos países permanecen con gravámenes inferiores, varios sectores exportadores nacionales deberán absorber mayores costos o trasladarlos a sus compradores, con el riesgo de perder participación en segmentos donde la competencia depende de diferencias reducidas de precio. Flores, confecciones y manufacturas plásticas aparecen entre las actividades con mayor exposición, precisamente aquellas que generan empleo formal y concentran buena parte del valor agregado distinto al minero-energético.
Para el gobierno de Abelardo de la Espriella, el episodio constituye una de las primeras pruebas de su capacidad para gestionar una relación estratégica con Washington. Hasta ahora no existe una reacción oficial frente a la entrada en vigor del nuevo esquema, aunque los antecedentes muestran que Colombia ha privilegiado el diálogo institucional antes que respuestas de confrontación. Esa ruta podría mantenerse, especialmente porque una escalada comercial ofrecería escaso margen de beneficio para una economía cuya principal destinación exportadora continúa siendo Estados Unidos.
La medida también fortalece una discusión que llevaba varios años desarrollándose sin resultados suficientes. La diversificación de mercados deja de ser una aspiración de política comercial para adquirir un carácter más urgente. Sin embargo, ampliar destinos exige infraestructura logística, acuerdos comerciales efectivos, adaptación empresarial y tiempo. Ninguna de esas condiciones permite compensar en el corto plazo un eventual deterioro de la competitividad en el mercado estadounidense.
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Todavía es prematuro concluir que este ajuste derivará en una alteración estructural del comercio bilateral. Mucho dependerá de la duración del esquema, de eventuales revisiones por parte de Washington y de la capacidad del Ejecutivo colombiano para obtener alivios sectoriales. Lo que sí queda establecido es un precedente relevante. La política comercial estadounidense incorpora un componente de presión que amplía los costos de depender de un solo mercado y reduce el margen de maniobra para la agenda económica del nuevo gobierno durante el inicio de su mandato.











