Bogotá, 1 de julio de 2026. La Junta Directiva del Banco de la República elevó la tasa de interés de referencia de 11,25% a 12%, tras concluir que la inflación continúa lejos de la meta y que las expectativas de precios siguen aumentando. La decisión rompe la pausa adoptada meses atrás y devuelve la política monetaria a un ciclo restrictivo, con el nivel de tasas más alto desde 2024.
La señal trasciende el ajuste de 75 puntos básicos. La autoridad monetaria está indicando que el principal riesgo dejó de ser únicamente la inflación observada y pasó a ser la pérdida de credibilidad sobre la velocidad con la que podrá regresar al objetivo. Cuando hogares, empresas e inversionistas incorporan expectativas persistentes de aumentos de precios, el costo de recuperar la estabilidad se incrementa. Bajo esa lógica, la Junta decidió actuar antes de que ese comportamiento se consolide.
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El diagnóstico también muestra una economía con señales mixtas. El crecimiento permanece moderado, mientras el consumo interno conserva dinamismo, el desempleo alcanza niveles históricamente bajos y los salarios continúan aumentando. Esa combinación reduce el espacio para flexibilizar la política monetaria, porque una demanda que supera el ritmo de la producción puede prolongar las presiones sobre los precios. La decisión refleja que, para el Banco, el riesgo de mantener una postura menos restrictiva supera el costo de desacelerar parcialmente la actividad económica.
La votación dividida dentro de la Junta también aporta una lectura institucional relevante. Aunque existieron posiciones favorables a reducir o mantener la tasa, la mayoría optó por fortalecer el mensaje de disciplina frente al mercado. Esa diferencia evidencia que el debate dejó de centrarse en cuándo iniciar una relajación monetaria y pasó a discutir qué tan prolongado deberá ser el esfuerzo para recuperar el control de la inflación. La publicación de las minutas permitirá dimensionar si esas divergencias responden a diferencias técnicas o anticipan una discusión más profunda sobre la estrategia de los próximos meses.
El contexto internacional también restringe las alternativas. La incertidumbre asociada a los precios de la energía, los fertilizantes y las decisiones de los principales bancos centrales aumenta la probabilidad de nuevos choques inflacionarios. Esa combinación reduce el margen para asumir riesgos internos y fortalece la postura de preservar la credibilidad institucional aun cuando implique mantener condiciones financieras exigentes durante más tiempo.
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La consecuencia política aparece de manera inmediata. El gobierno de Abelardo recibirá una economía donde el crédito seguirá siendo costoso y cualquier estrategia basada en mayor gasto o expansión del financiamiento encontrará un límite impuesto por la política monetaria. Ese escenario obliga a coordinar con mayor precisión las decisiones fiscales y económicas. Si la inflación comienza a moderarse, el Banco podría revisar gradualmente su postura. Si las presiones persisten, las tasas elevadas dejarán de ser una medida transitoria para convertirse en una condición estructural que definirá el margen de acción del nuevo gobierno durante buena parte de su mandato.









