Bogotá, 26 de junio de 2026. La orden del Tribunal Administrativo de Cundinamarca para que la Nueva EPS elabore, certifique y publique sus estados financieros de 2023, 2024 y 2025 introduce un nuevo elemento en la crisis de la entidad. La decisión llega después de varios años sin información contable completa, mientras se acumulan deudas superiores a los $26 billones, embargos millonarios y advertencias reiteradas de los organismos de control sobre el deterioro de su situación financiera.
La decisión judicial trasciende el ámbito contable porque modifica el equilibrio entre la intervención administrativa y el control institucional. Desde que la Superintendencia de Salud asumió la administración de la EPS, buena parte del debate público ha girado alrededor de la conveniencia de esa medida y de la profundidad de la crisis heredada. Ahora el foco se desplaza hacia la obligación de respaldar cada decisión con información verificable. Esa exigencia reduce el margen para administrar la incertidumbre y obliga a que la discusión política repose sobre cifras oficialmente certificadas.
Ese cambio también afecta al Gobierno. La intervención fue presentada como una herramienta para estabilizar una entidad estratégica dentro del sistema de salud. Si los estados financieros confirman un deterioro mayor al estimado, aumentará la presión para adoptar medidas extraordinarias sobre su operación y sobre la política de manejo de las EPS intervenidas. Si, por el contrario, las cuentas muestran una situación más controlable, el Ejecutivo encontrará un respaldo para defender la continuidad de su estrategia. Cualquiera de los dos escenarios incrementa el costo político de mantener zonas grises sobre la dimensión real de la crisis.
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La publicación de los balances también puede alterar la posición de otros actores. Prestadores de servicios, acreedores, jueces y organismos de vigilancia dispondrán de una base más sólida para reclamar pagos, revisar medidas cautelares o promover nuevas actuaciones. Al mismo tiempo, la información financiera servirá como referencia para el proceso que estudia la legalidad de la intervención, un litigio que mantiene abierta una discusión sobre el alcance de las facultades del Estado para asumir el control de aseguradoras de salud en situaciones críticas.
El alcance político de esta decisión dependerá menos de la orden judicial que de lo que revelen los documentos contables cuando finalmente sean conocidos. Ese contenido definirá si el país enfrenta un problema susceptible de saneamiento, una reorganización de mayor escala o una reconfiguración del modelo de aseguramiento alrededor de la mayor EPS de Colombia. La resolución del Tribunal acelera ese momento y convierte la transparencia financiera en una condición indispensable para cualquier decisión futura sobre el sistema de salud.












