Bogotá, 21 de junio de 2026. La segunda vuelta presidencial enfrenta a Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella con propuestas profundamente distintas para el sistema educativo colombiano. Aunque la campaña ha estado dominada por temas como seguridad y economía, la educación aparece como uno de los campos donde se expresan con mayor claridad las diferencias entre ambos proyectos de país.
Cepeda plantea consolidar y ampliar la presencia del Estado en la formación de los ciudadanos. Su propuesta busca fortalecer la enseñanza pública gratuita, ampliar la cobertura en territorios históricamente rezagados y garantizar acceso en municipios PDET, zonas rurales y comunidades étnicas. También incorpora una visión integral que incluye ciencia, cultura, deporte y memoria histórica como componentes esenciales del proceso formativo.
De la Espriella propone una ruta diferente. Su apuesta se concentra en la formación orientada al trabajo, con programas técnicos y tecnológicos de corta duración, educación virtual masiva y capacitación en inteligencia artificial, robótica y habilidades digitales. El objetivo es responder con mayor rapidez a las necesidades del mercado laboral y reducir las dificultades de inserción de los jóvenes en el empleo formal.
La disputa trasciende las aulas. Detrás de ambas propuestas existe una diferencia sobre el papel que debe cumplir la formación en el desarrollo nacional. Mientras el candidato del Pacto Histórico la entiende como una herramienta para reducir desigualdades territoriales y fortalecer la cohesión social, el aspirante de Defensores de la Patria la concibe como un mecanismo para mejorar la productividad y la competitividad económica.
El desafío para cualquiera de los dos proyectos será enfrentar problemas que siguen afectando al sector. Las brechas entre zonas urbanas y rurales, la deserción escolar, las dificultades de acceso a la educación superior y las diferencias en calidad continúan limitando las oportunidades de millones de estudiantes.
Más que una discusión presupuestal o administrativa, la jornada electoral define qué función ocupará la enseñanza en la próxima década. La decisión de los votantes determinará si la prioridad se orienta hacia la ampliación de derechos y presencia institucional o hacia la adaptación acelerada a las demandas de una economía cada vez más marcada por la transformación tecnológica.









