Bogotá, 8 de junio de 2026. El respaldo anunciado por Colombia Renaciente a la candidatura presidencial de Abelardo de la Espriella, para segunda vuelta, terminó convertido en un episodio de confrontación pública. Tras la comunicación del partido de base afrodescendiente apoyando su aspiración, el candidato respondió rechazando la adhesión, cuestionó a sus dirigentes y afirmó que no aceptaría respaldos de quienes identificó como parte de la política tradicional.
Horas después, la colectividad retiró de sus redes la publicación, en un intento por contener la crítica digital, y trató de defender la decisión mediante un nuevo comunicado institucional que buscaba amortiguar el golpe a la figura de Jhon Arley Murillo, a quien De la Espriella mencionó en su trino. En ese comunicado, el partido enfatizó que se trataba de una postura institucional.

El episodio adquiere relevancia porque expone una transformación que viene avanzando en la política colombiana. Durante años, los avales partidistas, las adhesiones de movimientos minoritarios y los respaldos de dirigentes regionales funcionaron como activos negociables que otorgaban visibilidad y capacidad de interlocución. Sin embargo, para ciertos liderazgos construidos en la prédica de ser ajenos a las maquinarias políticas, esos apoyos pueden convertirse en un costo reputacional más que en una ventaja electoral, especialmente cuando provienen de figuras asociadas a la política tradicional.

La respuesta de Abelardo de la Espriella, además de tomar distancia de Jhon Arley Murillo —quien ha sido investigado por hechos ligados a su gestión como director del ICBF regional Valle y a su campaña a la Cámara por la circunscripción afro en 2018—, utilizó el rechazo para seguir fortaleciendo su narrativa antisistema. Al asociar públicamente a Colombia Renaciente con parte de lo que él promete combatir, reforzó su línea discursiva basada en la confrontación con las estructuras tradicionales. Desde esa lógica, aceptar el acompañamiento habría debilitado el relato de independencia que intenta consolidar entre sectores desencantados con los partidos y las dirigencias convencionales.
Para Jhon Arley Murillo, el daño se concentra en el terreno personal. La discusión dejó de girar alrededor de la capacidad de su organización para sumar apoyos, y pasó a centrarse en la capacidad del excongresista de representar intereses colectivos con influencia real. Cuando una adhesión es rechazada de forma pública por el propio destinatario, la conversación política cambia de eje y aparecen cuestionamientos sobre el peso efectivo del liderazgo de quien la promovió. La posterior eliminación del trino y los esfuerzos comunicativos para explicar la decisión, ampliaron esa percepción de pérdida de control sobre el relato, improvisación y debilidad en la conducción política.

También emerge una tensión relevante para los sectores afrodescendientes que Colombia Renaciente afirma representar. Y esto abre la puerta para que otros actores disputen esa representación y cuestionen quién posee realmente capacidad de incidencia dentro de los procesos políticos que se están configurando para las elecciones regionales de 2027. Figuras como Óscar Benavides, ganador de la curul afro, y el excanciller Luis Gilberto Murillo, hoy alineados con la campaña de Iván Cepeda, se convierten en referentes obligados en esa disputa por la vocería afro en el escenario nacional.









