Bogotá, 27 de mayo de 2026. El papa León XIV reconoció que la Iglesia católica tardó siglos en condenar formalmente la esclavitud y pidió perdón por el “enorme sufrimiento y humillación” causado a millones de personas sometidas bajo ese sistema. La declaración apareció en la encíclica Magnifica humanitas, publicada por el Vaticano el pasado 25 de mayo.
El pronunciamiento del pontífice reabrió el debate sobre el papel que tuvieron sectores políticos y religiosos en la defensa de la esclavitud durante el siglo XIX, una etapa decisiva para la formación política y económica de Colombia. En ese periodo, dirigentes conservadores vinculados a las élites terratenientes defendieron abiertamente la esclavitud afrodescendiente, participaron en guerras civiles para impedir su abolición, y justificaron el sometimiento de comunidades negras como parte del orden social y religioso de la época.

“En nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón”, escribió el sumo pontífice en uno de los apartados centrales del documento, donde admitió que la Santa Sede “intervino en varias ocasiones para regular y legitimar” formas de sometimiento humano.
La abolición definitiva de la esclavitud en Colombia fue decretada en 1851 durante el gobierno liberal de José Hilario López, aunque entró en vigencia el 1 de enero de 1852, después de décadas de confrontación entre liberales abolicionistas y sectores conservadores esclavistas. Estos últimos construyeron buena parte de su poder económico y político sobre la explotación de población afrodescendiente.
Uno de los principales dirigentes del esclavismo fue Julio Arboleda Pombo, dirigente conservador caucano, militar y propietario de haciendas y minas sostenidas con trabajo forzado de población afrodescendiente. Arboleda lideró la resistencia política y militar contra la abolición y defendió públicamente la esclavitud como base del orden económico y social. Desde la revista El Misóforo, en abierta oposición al presidente José Hilario López, atacó las reformas liberales y calificó la emancipación de la población negra como una amenaza para el país.

Otro dirigente conservador que defendió posiciones esclavistas fue Joaquín Mosquera, expresidente de la República (1830) y miembro de una de las familias más influyentes y poderosas de Popayán. Mosquera fue un opositor explícito y acérrimo a las leyes de manumisión y abolición progresiva de la esclavitud, y argumentó que las medidas de libertad afectaban el derecho a la propiedad privada, y sostuvo discursos racistas que buscaban justificar el control sobre la vida y el trabajo de la población negra.
La resistencia contra la abolición también tuvo apoyo armado en Antioquia. El conservador Eusebio Borrero encabezó una rebelión contra las reformas liberales, y se tomó temporalmente a Medellín durante la guerra civil de 1851. En el Congreso, otros dirigentes conservadores sostuvieron que abolir la esclavitud equivalía a expropiar bienes de los propietarios.
Décadas después de la abolición, sectores conservadores continuaron reproduciendo discursos de superioridad racial y exclusión contra la población afrocolombiana. Uno de los casos más conocidos fue el de Laureano Gómez, presidente de Colombia en 1950, y figura central del conservadurismo del siglo XX. En sus conferencias pronunciadas en 1928, Gómez describió a la población negra como “rudimentaria” y «en perpetua infertilidad», y afirmó que el predominio afrodescendiente conducía al “desorden” político y económico. Aunque nunca defendió de forma explícita el regreso legal de la esclavitud, sus declaraciones reflejaron la persistencia de ideas racistas heredadas de las élites que durante el siglo XIX justificaron la subordinación de las comunidades negras.

Para León XIV, la era digital representa otra forma actual de colonialismo. Y mientras advierte sobre una economía tecnológica sostenida por explotación laboral, extracción de minerales y trabajo infantil en países empobrecidos, en Colombia muchas de las estructuras heredadas de la esclavitud siguen intactas. Organizaciones afrocolombianas y académicos han señalado que en regiones históricamente esclavistas persisten la concentración de tierras, la pobreza, la exclusión racial y relaciones de poder que todavía conservan rasgos de la vieja hacienda colonial.









