Caracas, 9 de abril de 2026 – Un memorando interno del Ministerio de Defensa de Venezuela, fechado el 17 de enero de 2020 y filtrado a medios internacionales, revela que el gobierno de Nicolás Maduro aprobó un plan para adquirir a Irán un sistema de misiles balísticos por más de 400 millones de dólares. La operación, que incluía mecanismos para evadir sanciones internacionales, no se concretó debido a la presión de Estados Unidos y a las limitaciones económicas del país.
El documento, clasificado y firmado por altos mandos militares bajo la dirección del ministro de Defensa Vladimir Padrino López, detalla la asignación de recursos y la estructura financiera del acuerdo. Según el contenido filtrado, el plan contemplaba canalizar los pagos a través de empresas estatales venezolanas para ocultar su destino final y sortear restricciones del sistema financiero internacional.

Además del componente financiero, el memorando describe el uso previsto de los misiles. Estos no solo serían instalados en plataformas terrestres, sino también en buques de la Armada venezolana, lo que ampliaría su capacidad operativa en el Caribe. De acuerdo con reportes periodísticos, el alcance de estos sistemas habría permitido impactar territorio de Estados Unidos desde posiciones cercanas a sus costas.
Fuentes citadas por medios internacionales señalan que el proyecto alcanzó un nivel avanzado de planificación, con recursos asignados, rutas de pago definidas y una doctrina de uso militar establecida. Sin embargo, no se firmaron contratos definitivos ni se registraron envíos del sistema.
Elliott Abrams, quien se desempeñaba como enviado especial de Estados Unidos para Irán y Venezuela durante la administración de Donald Trump, afirmó que Washington tuvo conocimiento de las gestiones y comunicó a Caracas que la adquisición era “inaceptable”. Según su testimonio, esa advertencia, sumada a la crisis económica venezolana, frenó la ejecución del plan.

Las revelaciones contrastan con declaraciones públicas de Maduro en agosto de 2020, cuando aseguró que la compra de misiles a Irán no había sido considerada, aunque en esa misma intervención señaló que le parecía una “buena idea” y que solicitaría evaluaciones al respecto.
El intento de adquisición se produjo en un contexto de alta tensión entre Venezuela y Estados Unidos, marcado por sanciones económicas, el desconocimiento del gobierno de Maduro por parte de Washington y el fortalecimiento de alianzas entre Caracas y Teherán. Ese mismo año, Irán envió combustible y asistencia técnica a Venezuela, consolidando una relación bilateral que ya incluía cooperación en áreas energéticas y militares.
Analistas citados por medios internacionales advierten que, aunque el plan no se materializó, evidencia el interés del gobierno venezolano de entonces en reforzar su capacidad de disuasión frente a Estados Unidos mediante sistemas de mayor alcance. También subrayan que este tipo de iniciativas incrementaba la preocupación de Washington por la presencia de tecnología militar iraní en el hemisferio occidental.






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