Beirut, 9 de abril de 2026 – El Ejército de Israel confirmó la muerte de Alí Yusef Harshi, secretario personal y sobrino de Naim Qasem, líder de Hezbollah, durante una oleada masiva de bombardeos lanzada el miércoles sobre Beirut y el sur del Líbano. Según el balance oficial, los ataques dejaron más de 250 muertos y cerca de 1.000 heridos, en lo que el gobierno israelí presenta como su mayor ofensiva reciente contra la milicia chií.
El primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que las operaciones continuarán “con fuerza, precisión y determinación” y afirmó que los objetivos incluyeron infraestructuras clave de Hezbollah, como almacenes de armas, lanzaderas de cohetes y rutas utilizadas para el traslado de armamento. Entre los blancos también figuran puentes sobre el río Litani, señalados por Israel como corredores logísticos del grupo.
La muerte de Harshi es presentada por Israel como un golpe directo a la estructura de mando de Hezbollah. Según fuentes oficiales, el funcionario tenía un rol central en la gestión del entorno inmediato de Qasem, incluida su seguridad, lo que eleva el impacto estratégico de la operación.
La ofensiva ocurre en medio de la incertidumbre sobre el alcance de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán. Mientras Pakistán, mediador del acuerdo, sostuvo que la tregua debía aplicarse “en todas partes”, incluyendo Líbano. Israel y la Casa Blanca aclararon que el entendimiento no cubre ese frente.
Desde Teherán, en cambio, se ha insistido en que el anuncio sí contemplaba el territorio libanés, lo que ha intensificado la disputa sobre la interpretación del acuerdo. En este escenario, Hezbollah acusó a Israel de violar la tregua y anunció nuevos ataques en respuesta, al tiempo que afirmó que continuará sus operaciones “en defensa del Líbano”.
En las últimas horas, la milicia confirmó acciones contra territorio israelí, reforzando la escalada en el frente norte. Israel sostiene que sus operaciones son legítimas al no estar incluidas en el pacto con Irán.
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El trasfondo es la confrontación regional entre Israel e Irán, en la que Hezbollah actúa como aliado central de Teherán. La ofensiva reciente coincide con ese pulso más amplio y con intentos diplomáticos por contener la escalada directa entre Washington y el gobierno iraní.
La situación deja a Líbano en una zona de tensión creciente, con un alto número de víctimas y daños a infraestructura crítica, mientras el frente Israel–Hezbollah amenaza con erosionar la frágil tregua entre Estados Unidos e Irán.






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