EE. UU. e Israel bombardean infraestructura civil en Irán

Teherán, 7 de abril de 2026 – Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva coordinada contra infraestructura civil y económica en Irán en las horas previas al vencimiento de un ultimátum de Washington para reabrir el estrecho de Ormuz. Los bombardeos han impactado puentes, una planta petroquímica, la red ferroviaria en ciudades como Qazvin, Karaj y Mashad, y la isla de Jarg, nodo clave para exportaciones petroleras. Las autoridades iraníes suspendieron servicios de tren y emitieron alertas a la población.

El presidente Donald Trump vinculó directamente los ataques al ultimátum que vence esta noche en Washington. Aseguró que Estados Unidos podría destruir infraestructura civil e incluso arrasar el país si Teherán no garantiza el tránsito de petróleo por Ormuz. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, confirmó el mayor volumen de ataques desde el inicio de la crisis, lo que marca una escalada de la operación militar sin que, por ahora, exista una invasión terrestre.

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Israel ha actuado como aliado operativo en la ofensiva. Sus fuerzas ejecutaron ataques nocturnos y emitieron advertencias sobre el uso de trenes y otras infraestructuras, anticipando nuevos bombardeos. Medios iraníes reportaron además el ataque a una sinagoga en Teherán, un hecho que introduce un componente sensible en la dimensión religiosa del conflicto.

La ofensiva ocurre en un momento crítico para el mercado energético global. El estrecho de Ormuz es una vía estratégica para el transporte de petróleo y su cierre parcial ya ha elevado los precios y la volatilidad financiera. Washington busca forzar su reapertura mediante presión militar directa sobre infraestructura clave, mientras deja abierta la posibilidad de un acuerdo bajo supervisión internacional.

Irán, por su parte, combina mensajes de resistencia con advertencias de represalias. La Guardia Revolucionaria señaló que responderá más allá de la región si se cruzan ciertas líneas, mientras el presidente Masud Pezeshkian afirmó que millones de ciudadanos están dispuestos a defender el país. Teherán también denunció los ataques como violaciones del derecho internacional y elevó ante la Unesco el riesgo para el ferrocarril transiraní, considerado Patrimonio Mundial.

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En paralelo, Irán ha realizado acciones de respuesta limitadas contra instalaciones en países del Golfo y mantiene su exigencia de que cualquier reapertura de Ormuz esté ligada al levantamiento de sanciones y garantías de no agresión. Esta posición bloquea, por ahora, un acuerdo inmediato.

Los países del Golfo activaron medidas de seguridad ante el riesgo de una escalada regional. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin reforzaron la protección de infraestructuras energéticas y comerciales, mientras Pakistán actúa como mediador en busca de un alto el fuego temporal.

La crisis alcanza así su punto más crítico en años. El desenlace dependerá de si el ultimátum se traduce en una intensificación de los ataques o si la mediación logra frenar una escalada que podría afectar el suministro global de petróleo y derivar en un conflicto abierto en la región.

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