Trump evalúa poner un fin a la guerra con Irán aun si no se reabre el Estrecho de Ormuz

Washington, 31 de marzo de 2026 – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comunicó a sus asesores que está dispuesto a poner fin a la actual fase de la guerra contra Irán aunque el Estrecho de Ormuz permanezca en gran medida cerrado. La decisión, revelada por el diario The Wall Street Journal y replicada por medios internacionales, responde a cálculos internos de la Casa Blanca que descartan una operación militar para reabrir el paso por el riesgo de prolongar el conflicto más allá del plazo previsto.

La administración estadounidense fijó un horizonte de entre cuatro y seis semanas para esta fase de la guerra, iniciada el 28 de febrero con ataques conjuntos junto a Israel que incluyeron la muerte del líder supremo iraní Ali Jamenei. Según esas evaluaciones, una ofensiva directa para recuperar el control del Estrecho extendería significativamente las operaciones y elevaría los costos militares y políticos.

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El plan contempla declarar el fin de las hostilidades principales una vez se cumplan los objetivos militares centrales, entre ellos debilitar la armada iraní y reducir su capacidad de misiles. A partir de ese punto, Washington buscaría trasladar la presión a canales diplomáticos y a sus aliados para forzar la reapertura del corredor marítimo.

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La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reiteró que el cronograma de cuatro a seis semanas sigue vigente y que el mandatario espera un acuerdo en un plazo de diez días, con fecha límite el 6 de abril. De no lograrse, Trump ha advertido que ordenará ataques a gran escala contra infraestructura energética iraní, incluidos pozos petroleros, plantas eléctricas y la terminal de exportación en la isla de Kharg.

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Irán ha rechazado un plan de paz de 15 puntos transmitido por intermediarios y niega la existencia de promulցaciones directas con Washington, aunque el gobierno estadounidense sostiene que mantiene contactos indirectos con sectores de la dirigencia iraní.

En el terreno, la Guardia Revolucionaria Islámica ha ejecutado el cierre del Estrecho mediante minas, misiles y drones, bloqueando el tránsito de buques vinculados a Estados Unidos, Israel y sus aliados. Esta situación ha retirado cerca del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo y volúmenes clave de gas natural licuado, impulsando el precio del crudo por encima de los 100 dólares por barril.

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El impacto ha obligado a desviar flujos energéticos por rutas alternativas en países del Golfo y a liberar reservas estratégicas por parte de Estados Unidos y otros gobiernos, en un intento por contener la presión sobre los mercados.

La estrategia de Washington apunta ahora a “internacionalizar” el problema del Estrecho. Según el escenario planteado, si Irán mantiene el bloqueo tras el fin de la ofensiva estadounidense, aliados europeos y países del Golfo serían llamados a liderar acciones para garantizar la reapertura, en medio de una crisis energética global que sigue escalando.

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