Álvaro Uribe responde fuertemente a Iván Cepeda tras su último discurso en Medellín

Medellín, 29 de marzo de 2026 – El expresidente Álvaro Uribe Vélez respondió con dureza al candidato presidencial Iván Cepeda, a quien acusó de favorecer a las disidencias de las Farc y de estar al servicio de «criminales». La reacción llegó tras los discursos del senador en Medellín, donde reafirmó sus acusaciones sobre Antioquia como epicentro de parapolítica, narcotráfico y terrorismo de Estado, vinculando al uribismo con esas estructuras.

En un mensaje publicado en redes sociales, Uribe calificó a Cepeda como “bandido camuflado de Derechos Humanos” y afirmó que sus denuncias han contribuido a los atentados contra su vida. Además, lo acusó de ser “patrocinador de la impunidad y de la fuga” de alias Iván Márquez y Jesús Santrich, exjefes guerrilleros que retomaron las armas como parte de la disidencia conocida como Nueva Marquetalia.

El propio Uribe fue más allá y pidió a los colombianos no reconocer la aspiración presidencial de su contradictor, al asegurar que estaría respaldada por estructuras ilegales. Con ello, no solo respondió a los señalamientos sobre paramilitarismo, sino que cuestionó la legitimidad política del candidato.

El pronunciamiento provocó una reacción polarizada. El Centro Democrático respaldó al exmandatario y acusó a Cepeda de difundir “infamias e injurias” sin sustento judicial. Desde ese sector se insistió en que las denuncias del senador hacen parte de una estrategia de persecución política.

La controversia se originó en recientes intervenciones de Cepeda en Medellín, donde reiteró sus denuncias sobre los vínculos entre sectores políticos de Antioquia y economías ilegales. El senador ha insistido en ubicar al uribismo dentro de esa historia, lo que detonó la respuesta del expresidente.

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En paralelo, la campaña de Cepeda buscó reposicionar el debate hacia su agenda programática, centrada en un diálogo nacional para enfrentar la crisis del sistema de salud, la pobreza, la desigualdad y la corrupción, además de profundizar la política de paz total del gobierno de Gustavo Petro.

El episodio se suma a una larga confrontación entre ambos dirigentes, marcada por disputas políticas y judiciales en torno al paramilitarismo, el conflicto armado y la responsabilidad de distintos actores en la violencia. En plena carrera presidencial, el intercambio refuerza la polarización y traslada al debate electoral las tensiones sobre memoria, justicia y legitimidad política en Colombia.

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