Bogotá, 26 de marzo de 2026 – El candidato presidencial Abelardo de la Espriella anunció que no recibirá el salario correspondiente al jefe de Estado si gana las elecciones y que destinará esos recursos a una obra benéfica o fundación. La propuesta, que hizo pública en una entrevista radial, se inscribe en su discurso de independencia económica y rechazo a la clase política tradicional.
De la Espriella aseguró que no aceptará “ni un peso” del sueldo presidencial y que el dinero será redirigido a causas sociales. Con esa decisión, dejaría de percibir una remuneración que en 2026 supera los 50 millones de pesos mensuales, incluyendo asignación básica y gastos de representación.
El anuncio refuerza su narrativa de candidato ajeno a los partidos tradicionales y a los recursos del Estado. El abogado penalista sostiene que financia su campaña con recursos propios y créditos personales, y que no recibe donaciones para evitar compromisos políticos en caso de llegar al poder.
Lea también: Cruce entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por el apoyo de los partidos tradicionales
La promesa se articula con su crítica constante a quienes, según él, han hecho carrera viviendo del Estado. En ese marco, plantea reducir el tamaño del aparato público y bajar impuestos, al tiempo que busca proyectar una imagen de autonomía frente a intereses económicos externos.
Sin embargo, su discurso convive con el respaldo político del partido Salvación Nacional y de figuras con trayectoria en la política, lo que introduce dudas frente a su identidad de “outsider”. Aunque insiste en que no recibe apoyo económico de terceros, sí cuenta con apoyos organizativos que contrastan con su retórica.
El candidato también ha construido su perfil público alrededor de su actividad empresarial. Su principal fuente de ingresos proviene de su firma jurídica, y mantiene negocios en sectores como bebidas alcohólicas y moda masculina. Parte de su estrategia ha sido posicionarse en un segmento de alto poder adquisitivo, con productos de marca propia que han generado polémica por sus precios.
En Colombia, la remuneración presidencial está fijada por ley e incluye varios componentes salariales. Aunque un mandatario puede renunciar a ese ingreso o donarlo, el Estado continúa cubriendo otros costos asociados al ejercicio del cargo, como seguridad, transporte y residencia oficial.
En ese contexto, la propuesta de De la Espriella tiene un impacto fiscal limitado, pero un peso simbólico alto dentro de su estrategia política. Su apuesta apunta a reforzar la idea de que no busca beneficiarse del erario y a consolidar una narrativa de ruptura con las prácticas tradicionales del poder.






Deja un comentario