Bogotá, 25 de marzo de 2026 – El comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, general Carlos Fernando Silva, desmintió al presidente Gustavo Petro sobre el estado del avión militar que se accidentó en Putumayo y aseguró que la aeronave estaba en condiciones de operar. Durante el consejo de ministros transmitido al país, afirmó que el Hércules siniestrado “tenía la posibilidad de volar 40 años más” y contaba con aeronavegabilidad al momento del despegue.
El accidente ocurrió el 23 de marzo de 2026 en Puerto Leguízamo, cuando un Lockheed C-130H Hércules cayó a cerca de 1,5 kilómetros de la pista tras despegar. En la aeronave viajaban 126 personas, en su mayoría integrantes de la Fuerza Pública. El siniestro dejó 69 muertos y decenas de heridos, según los reportes oficiales.
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La declaración de Silva se dio en respuesta a Petro, quien había calificado el avión como “chatarra” y cuestionó el uso de equipos antiguos en la flota militar. El comandante defendió tanto el estado técnico del aparato como la preparación de la tripulación, y evitó atribuir responsabilidades anticipadas sobre las causas del accidente.
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El oficial insistió en que la antigüedad de la aeronave no puede ser el único criterio para explicar lo ocurrido. Señaló que en este tipo de eventos influyen múltiples factores como las condiciones de la pista, la carga transportada, las maniobras de despegue y el clima.
Durante su intervención, Silva sostuvo que la antigüedad del avión no define por sí sola su capacidad operativa. Recalcó que el Hércules cumplía con los estándares exigidos, «llego con un total de 20.294 horas disponibles para volar», afirmo, y también hizo énfasis en que su mantenimiento garantizaba condiciones de vuelo seguras al momento del despegue.
El comandante insistió en que no se puede reducir el análisis del accidente a un único factor. Explicó que en operaciones de este tipo intervienen variables como la pista, la carga transportada, las maniobras de despegue y las condiciones climáticas, elementos que deben evaluarse de manera conjunta.
También defendió la idoneidad de la tripulación, al señalar que contaba con las certificaciones y la preparación requeridas para la misión. Con ello, buscó descartar hipótesis preliminares que apunten a fallas humanas o negligencia sin resultados de la investigación.
Finalmente, Silva reiteró que cualquier conclusión debe surgir de un proceso técnico riguroso. Subrayó que escenarios como el de Putumayo implican riesgos operacionales adicionales por las características del entorno, lo que obliga a un análisis integral antes de establecer responsabilidades.






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