Washington, 17 de 2026 – Joe Kent dimitió como director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos tras rechazar públicamente la ofensiva militar contra Irán impulsada por el presidente Donald Trump. El funcionario aseguró que no puede respaldar el conflicto y afirmó que Teherán no representaba una amenaza inminente para su país.
La renuncia fue anunciada hoy martes 17 de marzo mediante un mensaje público y una carta dirigida a la comunidad de inteligencia. Kent sostuvo que la guerra se inició por presión de Israel y su lobby en Washington, una afirmación que introduce tensiones dentro del propio aparato de seguridad nacional. Su salida se convierte en la de mayor rango vinculada directamente al inicio de la operación militar.


La declaración de Kent adquiere peso por su cargo, ya que dirigía la entidad encargada de integrar información clave sobre amenazas terroristas. Su afirmación de que Irán no representaba un peligro inminente golpea uno de los argumentos legales que suelen emplear las administraciones estadounidenses para justificar acciones militares sin autorización del Congreso.
La ofensiva comenzó el 28 de febrero con ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel contra instalaciones militares iraníes. Analistas han señalado que se trata de una operación de gran escala cuyo objetivo sería debilitar las capacidades del régimen e incluso abrir la puerta a un eventual cambio de gobierno, sin que se haya hecho pública evidencia concreta de una amenaza inmediata.
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Hasta ahora no se conocen respuestas directas de la Casa Blanca a sus declaraciones, aunque voceros han defendido previamente la operación como una reacción a actividades iraníes en la región. Tampoco otros altos funcionarios han expresado públicamente desacuerdos similares.
Kent había sido confirmado en 2025 con respaldo republicano pese a cuestionamientos por sus posiciones políticas y vínculos con figuras de extrema derecha. Su cercanía con Trump hacía prever alineación con la política exterior del gobierno, lo que vuelve más significativa su salida en medio del conflicto.
La renuncia expone fisuras internas en la administración y reaviva el debate sobre la legalidad y los objetivos de la guerra en Irán, en un momento en que no existe claridad sobre su duración ni sobre el escenario posterior a las operaciones militares.






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