Washington, 14 de marzo de 2026 – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que Irán está “totalmente derrotado” tras casi dos semanas de bombardeos estadounidenses e israelíes contra objetivos militares iraníes, mientras el mando militar de Teherán respondió con amenazas de atacar infraestructuras energéticas vinculadas a Washington en la región del Golfo.
La escalada ocurre en medio de ataques contra instalaciones militares iraníes, incluidos objetivos en la isla de Kharg Island, y del despliegue adicional de fuerzas estadounidenses cerca del estratégico Strait of Hormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo.

Trump afirmó en una publicación en redes sociales que las fuerzas estadounidenses ejecutaron “uno de los bombardeos más poderosos en la historia de Oriente Medio” contra objetivos militares en Kharg, a la que describió como la “joya de la corona” de la infraestructura militar iraní en esa zona. El mandatario sostuvo que los ataques destruyeron los blancos militares identificados y difundió imágenes que, según dijo, muestran las explosiones provocadas por los bombardeos.

El presidente añadió que decidió no atacar por ahora la infraestructura petrolera de la isla, aunque advirtió que reconsiderará esa decisión si Irán o cualquier otro actor intenta interferir con la navegación por el estrecho de Ormuz. Kharg concentra cerca del 90% de las exportaciones de crudo iraní, por lo que su infraestructura energética es un punto clave para la economía del país y para el mercado petrolero internacional.
Trump también sostuvo que Teherán estaría buscando negociar. “Irán está totalmente derrotado y quiere un acuerdo, pero no uno que yo acepte”, escribió el mandatario, sin detallar las condiciones que considera inaceptables ni confirmar contactos diplomáticos en curso.

Las declaraciones del presidente estadounidense provocaron una respuesta directa del mando militar iraní. Un portavoz del comando operativo de las fuerzas armadas advirtió que Teherán atacará “toda infraestructura petrolera, económica y energética” de empresas que tengan intereses estadounidenses o cooperen con Washington si continúan los ataques contra su capacidad de exportación.
Al mismo tiempo, el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, instó a los países vecinos a expulsar o cerrar las bases militares estadounidenses de su territorio y advirtió que, de lo contrario, podrían convertirse en objetivos de ataques.
En paralelo, el Pentágono ordenó el envío de unos 2.500 infantes de marina adicionales al Golfo Pérsico y al Mar Arábigo como parte de un grupo expedicionario preparado para operaciones anfibias, evacuaciones a gran escala o misiones militares limitadas si la crisis se intensifica. El despliegue incluye el buque de asalto anfibio USS Tripoli (LHA-7) bajo el mando del United States Central Command.
La escalada ocurre en un contexto de confrontación regional más amplia entre Irán, Estados Unidos e Israel, con ataques con misiles y drones iraníes contra territorio israelí y bombardeos israelíes en Irán y en Líbano que han dejado centenares de víctimas y cientos de miles de desplazados.
Las amenazas cruzadas sobre el control del estrecho de Ormuz y sobre las infraestructuras petroleras del Golfo han elevado el riesgo de ataques contra instalaciones energéticas clave en países de la región y aumentan la preocupación por un posible impacto en el mercado mundial de la energía.







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