Donald Trump plantea una «toma de control amistosa» de Cuba

Washington, 10 de marzo de 2026 – Donald Trump reactivó la discusión sobre Cuba al plantear una eventual “toma de control amistosa” de la isla, en medio de la crisis económica y energética que enfrenta La Habana. La propuesta, formulada en clave política, sugiere una negociación en la que Estados Unidos ofrecería respaldo a cambio de una transformación profunda del esquema de poder cubano.

Su planteamiento parte de un diagnóstico que hoy pesa sobre Cuba, la escasez de combustibles, apagones prolongados, falta de divisas, caída de la producción y un creciente deterioro social.

Sobre ese escenario, el exmandatario estadounidense sugiere que Washington podría aprovechar la debilidad del sistema cubano para proponer una salida bajo sus propias condiciones. En su discurso, esa posibilidad aparece presentada como una intervención pactada, no como una acción militar abierta.

La fórmula también tiene una clara lectura doméstica. En Estados Unidos, y especialmente en Florida, el tema Cuba mantiene peso electoral. Con ese tipo de mensajes, Trump busca mostrarse firme frente al comunismo, pero al mismo tiempo dispuesto a impulsar una solución que pueda venderse como pragmática y eficaz.

El peso de la historia entre Washington y La Habana

La relación entre ambos países arrastra décadas de sanciones, tensión diplomática e intentos de presión para forzar un cambio político en la isla. Episodios como la crisis de los misiles de 1962 marcaron uno de los puntos más delicados de ese pulso, mientras que las sanciones y restricciones económicas se mantuvieron como herramienta de presión durante varias administraciones.

Ese enfoque solo cambió parcialmente con Barack Obama, que impulsó una etapa de deshielo con reapertura de embajadas, flexibilización de viajes y alivios en remesas. Trump desmontó buena parte de esa estrategia durante su primer mandato y retomó una línea de mayor presión sobre La Habana.

Por eso, cuando habla de una “toma de control amistosa”, revive una tradición histórica de influencia estadounidense sobre el Caribe, aunque la presenta con un lenguaje que busca suavizar la idea de imposición.

La profundidad de la crisis cubana alimenta ese tipo de planteamientos. La isla enfrenta un escenario de desabastecimiento, migración masiva y fuerte dependencia de aliados externos como Rusia, China y Venezuela. Esa fragilidad abre espacio para mayores presiones, pero no elimina un obstáculo central, la soberanía.

La discusión también toca el tablero regional. Cualquier intento de reconfigurar la relación con Cuba bajo un esquema de tutela alteraría el equilibrio con actores externos que hoy tienen presencia en la isla. Por ahora, la idea se mueve entre la presión simbólica, el cálculo electoral y una señal de poder hacia América Latina. El alcance real de esa retórica sigue abierto.

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