Trump convoca cumbre antidrogas excluyendo a los mayores productores

EN SÍNTESIS

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reunirá este sábado en Miami a mandatarios y delegados de gobiernos latinoamericanos de derecha en una cumbre vinculada a la iniciativa Escudo de las Américas. La Casa Blanca presenta el encuentro como una “coalición histórica” para enfrentar la migración irregular, los carteles de la droga y organizaciones criminales. Sin embargo, la cita excluye a Colombia, México y Brasil, tres socios clave de Washington en cooperación antidrogas y seguridad regional. La reunión se produce tras una conferencia previa contra los carteles encabezada por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, quien advirtió que Estados Unidos está dispuesto a actuar incluso de forma unilateral contra lo que denomina “narcoterroristas”.

EN PROFUNDIDAD

Washington, 5 de marzo de 2026 – La administración de Donald Trump ultima los preparativos de una cumbre regional que busca reunir en Miami a una docena de gobiernos latinoamericanos de derecha o centroderecha bajo la iniciativa denominada «Escudo de las Américas«. El encuentro se celebrará este sábado en Florida y, según la Casa Blanca, pretende coordinar respuestas frente a la migración irregular hacia Estados Unidos, el auge de organizaciones criminales y el narcotráfico en el continente.

La portavoz presidencial Karoline Leavitt ha definido la reunión como una “coalición histórica” destinada a fortalecer la cooperación hemisférica en seguridad. La agenda oficial incluye coordinación contra carteles de droga, intercambio de inteligencia, control de fronteras y mecanismos conjuntos para enfrentar redes criminales transnacionales.

De acuerdo con la Casa Blanca, participarán el presidente de Argentina, Javier Milei, el de El Salvador, Nayib Bukele, el de Paraguay, Santiago Peña, el de Ecuador, Daniel Noboa, y el de República Dominicana, Luis Abinader, además de representantes de gobiernos afines de Panamá, Costa Rica, Guatemala y Perú, junto con altos funcionarios estadounidenses. La lista refleja el intento de la administración de Donald Trump de articular un eje político regional con gobiernos que comparten un enfoque de mano dura frente al crimen organizado y una postura alineada con Washington en materia de seguridad hemisférica.

El encuentro llega precedido por la Conferencia de las Américas contra los carteles, celebrada también en Miami y encabezada por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth. En ese foro participaron delegaciones de cerca de veinte gobiernos del continente. Hegseth urgió a los países latinoamericanos a intensificar la lucha contra lo que definió como “narcoterroristas” y advirtió que Washington está dispuesto a actuar incluso sin aliados si considera insuficiente la cooperación regional.

Sin embargo, la convocatoria de la cumbre introduce un elemento político significativo, la exclusión de Colombia, México y Brasil. Los gobiernos de Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva no figuran entre los invitados, pese a que los tres países mantienen cooperación sostenida con Estados Unidos en operaciones antidroga, intercambio de inteligencia y control fronterizo.

La ausencia resulta especialmente relevante por el peso estructural de esos países en el mapa del narcotráfico regional. Colombia continúa siendo el principal productor mundial de cocaína; México es el principal corredor de salida de droga hacia el mercado estadounidense y sede de algunos de los carteles más poderosos del continente; y Brasil se ha consolidado en los últimos años como plataforma clave en rutas de cocaína hacia Europa y África, además de representar uno de los mayores mercados internos de drogas en América Latina.

Esa combinación ha alimentado la interpretación de que la cumbre de Miami trasciende el ámbito estrictamente técnico de seguridad. Analistas regionales consideran que el encuentro busca articular un bloque político de gobiernos ideológicamente afines a Trump en América Latina, con énfasis en discursos de seguridad, control migratorio y alineamiento estratégico con Washington.

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El diseño de la iniciativa Escudo de las Américas también incorpora una dimensión geopolítica más amplia. Desde su primer mandato, Trump ha situado la competencia con China y la presencia de actores como Irán dentro de su estrategia hacia América Latina. La expansión de inversiones chinas en infraestructura, energía, minería y telecomunicaciones en la región ha sido señalada reiteradamente por Washington como un desafío estratégico.

En ese marco, la narrativa de seguridad se combina con el concepto de “defensa del hemisferio occidental”, una formulación que evoca la histórica Doctrina Monroe. Bajo esa lógica, carteles de droga, redes criminales y la influencia de potencias externas aparecen integrados dentro de un mismo marco de amenazas a la seguridad regional.

Al mismo tiempo, la exclusión de gobiernos de izquierda latinoamericanos refleja la creciente polarización política del continente. Administraciones como las de Petro, Sheinbaum y Lula han mantenido cooperación operativa con Estados Unidos en materia de narcotráfico y seguridad, pero han defendido una política exterior más autónoma, con mayor apertura a relaciones económicas con China y posiciones críticas frente a intervenciones estadounidenses en la región.

En términos operativos, la cooperación antidrogas entre Estados Unidos y esos tres países difícilmente puede prescindir de sus gobiernos. Gran parte de la inteligencia, interdicción y control de rutas que sostiene la estrategia estadounidense depende precisamente de la coordinación con Colombia, México y Brasil.

Por eso, varios analistas prevén que la cumbre funcione principalmente como una plataforma política. Es probable que el encuentro concluya con una declaración conjunta que combine compromisos de cooperación contra el crimen organizado con referencias a la defensa del hemisferio frente a actores extrahemisféricos.

Pero el papel estructural de Colombia, México y Brasil en la economía del narcotráfico regional deja abierta una paradoja difícil de resolver: la estrategia hemisférica contra los carteles seguirá dependiendo en gran medida de la cooperación con tres gobiernos que no estarán sentados en la mesa de Miami.

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