La “gran ola” de bombardeos está por llegar a Irán

EN SÍNTESIS

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en una entrevista telefónica con CNN que, aunque las fuerzas estadounidenses ya están “destrozando” a Irán, la “gran ola” de la guerra “aún está por llegar”. Sostiene que la campaña, enmarcada en la operación “Epic Fury”, avanza “muy bien” y que podría durar alrededor de cuatro semanas, incluso con el cronograma adelantado. El conflicto se desata tras el asesinato del líder supremo Ali Jamenei en un ataque estadounidense y ya incluye cientos de bombardeos contra objetivos iraníes. Las declaraciones elevan la percepción de una escalada regional mayor y dejan abierta la posibilidad de nuevas fases militares más agresivas.

EN PROFUNDIDAD

Washington, 2 de marzo de 2026 – La advertencia de Donald Trump introduce una nueva fase política en una guerra que ya ha dejado cientos de ataques sobre territorio iraní. En una conversación de nueve minutos con el periodista Jake Tapper, de CNN, el presidente estadounidense aseguró que las fuerzas de su país están utilizando “las mejores fuerzas armadas del mundo” y que la operación militar avanza incluso “un poco adelantada” respecto al plan inicial. Pero el mensaje central no fue la evaluación positiva del desempeño militar, sino la señal de que lo más intenso aún no ha comenzado.

La campaña, denominada por la Casa Blanca como operación “Epic Fury”, tiene cuatro objetivos declarados: destruir las capacidades de misiles de Irán, aniquilar su marina, impedir que obtenga un arma nuclear y cortar el apoyo a grupos armados aliados en la región. Según reportes oficiales y balances preliminares, Estados Unidos e Israel han atacado instalaciones de mando y control, activos navales y sistemas misilísticos. Trump sostuvo que el conflicto podría extenderse unas cuatro semanas, aunque dejó margen para una duración mayor.

EL GOLPE AL RÉGIMEN: El punto de quiebre fue el asesinato del líder supremo Ali Jamenei en un ataque estadounidense, un hecho que Washington presenta como acción preventiva contra la cúpula del régimen. En Teherán, la muerte del máximo líder abrió una disputa por la sucesión y un vacío de poder que complica la lectura externa sobre quién controla efectivamente las decisiones militares. Trump reconoció que la amplitud de las represalias iraníes sorprendió a su administración.

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Irán ha respondido con ataques que alcanzan a países árabes aliados de Washington, entre ellos Bahréin, Jordania, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Esa expansión geográfica convierte el conflicto en un riesgo regional, con impacto potencial sobre rutas energéticas y estabilidad política en el Golfo. La posibilidad de que la confrontación involucre a más actores estatales y no estatales aumenta la presión sobre las bases estadounidenses desplegadas en la zona.

El trasfondo del enfrentamiento se remonta a 1979, tras la revolución islámica y la ruptura diplomática entre ambos países. Desde entonces, la relación ha oscilado entre sanciones, operaciones encubiertas y episodios de confrontación directa. En enero de 2020, durante su primer mandato, Trump autorizó el ataque que mató al general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria. Más tarde, su administración abandonó el acuerdo nuclear de 2015 y reimpuso sanciones, mientras Irán incrementaba sus niveles de enriquecimiento de uranio.

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La actual operación marca el paso de una guerra indirecta a una confrontación abierta. Funcionarios estadounidenses han evitado descartar el despliegue de tropas terrestres, limitándose a señalar que no harán “ejercicios” públicos sobre lo que harán o no harán. Paralelamente, la Casa Blanca insiste en que no se trata de una intervención “interminable” como Irak o Afganistán, aunque no define con precisión los límites operativos.

Consultado sobre si Estados Unidos está haciendo algo más que bombardear para ayudar al pueblo iraní a “recuperar el control” de su país, Trump respondió afirmativamente pero sin ofrecer detalles. Recomendó a la población permanecer en casa por la falta de seguridad en las calles, lo que sugiere que Washington contempla escenarios que trascienden la mera degradación militar.

El factor decisivo ahora es la naturaleza de esa “gran ola” anunciada por el presidente. Si se traduce en una intensificación aérea y de misiles, la guerra podría mantenerse en el plano de la superioridad tecnológica. Si incluye operaciones terrestres o un objetivo explícito de cambio de régimen, el conflicto entrará en una fase cualitativamente distinta, con consecuencias imprevisibles para el equilibrio regional y para la propia política interna estadounidense.

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