Irán recibe una segunda lluvia de misiles

EN SÍNTESIS

Estados Unidos e Israel lanzaron una segunda oleada de bombardeos contra infraestructura estratégica iraní, centrada en lanzamisiles y plataformas desde las que Teherán ejecuta ataques contra territorio israelí y bases estadounidenses en el Golfo. Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron nuevos sobrevuelos y ataques en tiempo real para “frustrar la amenaza”, dentro de una campaña conjunta que ya suma cientos de objetivos alcanzados desde el 28 de febrero. Irán respondió con más misiles y drones contra Israel y contra instalaciones en Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos, consolidando un intercambio militar sostenido.

EN PROFUNDIDAD

Teherán, 28 de febrero de 2026 – La segunda oleada de bombardeos marca un cambio cualitativo en la ofensiva conjunta emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán. Ya no se trata únicamente del golpe inicial que abrió el conflicto el 28 de febrero, sino de una fase diseñada para neutralizar en tiempo real la capacidad de represalia iraní. Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron nuevos ataques contra lanzadores de misiles activos, con el objetivo explícito de impedir disparos adicionales hacia su territorio.

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Según los reportes oficiales, la operación denominada “Furia Épica” por Washington, acumula cientos de objetivos militares alcanzados en Teherán, Isfahán y Tabriz, entre otras ciudades. En esta nueva fase, el foco se concentra en plataformas móviles de lanzamiento, radares y sistemas de mando vinculados al programa balístico iraní. La lógica operativa consiste en degradar progresivamente la infraestructura que permite a Teherán sostener oleadas de misiles y drones.

La respuesta iraní confirma que el conflicto entró en dinámica de intercambio sostenido. La Guardia Revolucionaria activó nuevas salvas de misiles balísticos y drones, dirigidas no solo contra ciudades israelíes, sino también contra bases estadounidenses en el Golfo. Instalaciones en Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos han sido mencionadas como objetivos, ampliando el teatro de operaciones y elevando el riesgo regional. Israel afirma haber interceptado decenas de proyectiles con sus sistemas Cúpula de Hierro, Honda de David y Arrow, aunque reconoce impactos puntuales.

El sentido estratégico de esta segunda oleada radica en impedir que Irán consolide una capacidad de disuasión efectiva. Desde 2024, cuando Teherán lanzó más de 300 misiles y drones en respuesta a un ataque en Damasco, Israel desarrolló una campaña sostenida para destruir lanzadores y baterías antiaéreas iraníes. Informes citados por medios internacionales señalan que más de 200 lanzadores balísticos y decenas de sistemas de defensa aérea habrían sido eliminados en operaciones previas. La fase actual profundiza esa estrategia y la convierte en confrontación abierta y directa con apoyo estadounidense.

En el plano estructural, la nueva ola de bombardeos responde a una lógica de superioridad aérea prolongada. Washington y Jerusalén buscan reducir al mínimo la capacidad iraní de saturar defensas y mantener presión constante. Para Irán, cada lanzamiento cumple una doble función: mostrar que conserva capacidad de golpe y sostener su narrativa interna de resistencia frente a lo que define como agresión externa.

La ampliación del conflicto hacia bases estadounidenses en el Golfo introduce a monarquías árabes en una posición delicada. Estos Estados albergan infraestructura militar clave de Estados Unidos y, al mismo tiempo, dependen de la estabilidad regional para proteger exportaciones energéticas y rutas marítimas. Cada oleada incrementa la presión sobre esos gobiernos y sobre el comercio que transita por el estrecho de Ormuz.

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La segunda oleada confirma que la operación dejó de ser un mensaje puntual y se consolidó como campaña sistemática de degradación militar. El ritmo de ataques y contraataques revela que ambas partes asumen costos para imponer su lógica estratégica. Mientras Israel y Estados Unidos buscan desmantelar la capacidad balística iraní, Teherán intenta demostrar que aún puede sostener el pulso y mantener abierta la confrontación en varios frentes simultáneos.

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