La crisis del Centro Democrático ya alcanzó a sus fundadores

EN SÍNTESIS

José Félix Lafaurie Rivera, ganadero y fundador del Centro Democrático, hace pública su renuncia al partido mediante un comunicado en X, en el que califica su salida como un “imperativo ético y de dignidad personal” y denuncia la existencia de “intereses oscuros” dentro de la colectividad. La Dirección Nacional del partido responde que la renuncia fue presentada y aceptada el 23 de enero de 2026 y que ha contestado más de ocho derechos de petición radicados por Lafaurie desde el 19 de diciembre de 2025. El episodio abre una disputa pública sobre las causas reales de la ruptura y el rumbo del uribismo.

EN PROFUNDIDAD

Bogotá, 25 de febrero de 2026 – La salida de José Félix Lafaurie Rivera no es solo la renuncia de un militante, sino la ruptura de uno de los fundadores con el proyecto político que ayudó a construir. Su comunicado, difundido en X, instala una narrativa de quiebre por principios y sugiere que el Centro Democrático se ha apartado de las bases que le dieron origen. La respuesta del partido, en cambio, busca encuadrar el episodio como un trámite ya surtido y formalmente cerrado.

Lafaurie sostiene que su decisión obedece a un “imperativo ético y de dignidad personal” y denuncia la presencia de “intereses oscuros” al interior de la colectividad. Aunque no detalla públicamente a qué actores o decisiones concretas se refiere, su mensaje deja entrever inconformidades acumuladas frente a la dirección partidista y a la manera en que se habrían tramitado sus inquietudes internas. En su relato, el distanciamiento no es coyuntural, sino el resultado de un desacuerdo de fondo con el rumbo del uribismo.

La Dirección Nacional del Centro Democrático respondió también en X y precisó que la renuncia fue presentada y aceptada el 23 de enero de 2026. Añadió que, desde el 19 de diciembre de 2025, Lafaurie radicó más de ocho derechos de petición, todos contestados por la organización. Con ese dato, la colectividad intenta desmentir la idea de silencio administrativo o de bloqueo institucional y reducir la controversia a una diferencia política ya tramitada por los canales formales.

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EL VERDADERO IMPACTO DE SU SALIDA: Para dimensionar el peso de la ruptura es necesario ubicar el papel que Lafaurie ha desempeñado en el uribismo. Como dirigente gremial del sector ganadero y figura cercana al expresidente Álvaro Uribe Vélez, se convirtió durante años en un puente entre el partido y sectores rurales conservadores. Su voz ha sido recurrente en debates sobre seguridad, propiedad privada y política agraria, temas que han sido ejes identitarios del Centro Democrático.

Las tensiones internas no son nuevas. Tras la presidencia de Iván Duque, el partido entró en una fase de redefinición estratégica, marcada por la oposición al gobierno de Gustavo Petro y por la competencia con otras fuerzas de derecha. En ese proceso han surgido diferencias sobre candidaturas, alianzas regionales y la forma de confrontar las reformas impulsadas desde la Casa de Nariño. El intercambio actual sugiere que Lafaurie se ubicó en una posición crítica frente a algunas de esas decisiones.

El trasfondo del episodio remite a una disputa por la interpretación legítima del legado uribista. Cuando Lafaurie habla de “intereses oscuros”, apunta a la posibilidad de que la colectividad esté condicionada por cálculos internos o dinámicas que, a su juicio, desdibujan los principios originales. El partido, al enfatizar la formalidad del proceso y la respuesta a los derechos de petición, defiende su estructura y envía una señal de disciplina organizativa.

La controversia ocurre en un momento en que el Centro Democrático prepara su estrategia para las elecciones de 2026. Cada fractura pública tiene impacto en la percepción de cohesión y liderazgo, especialmente cuando involucra a un fundador con arraigo en sectores productivos del campo. La narrativa que prevalezca, si la de una salida por coherencia o la de un desacuerdo individual ya resuelto, incidirá en la manera como el electorado interprete la solidez interna del partido.

La decisión de Lafaurie abre interrogantes sobre su papel político a partir de ahora. Su trayectoria gremial y su visibilidad pública le otorgan margen para respaldar candidaturas por fuera del Centro Democrático o para articular una corriente crítica dentro del espectro conservador. La dirección del partido, por su parte, enfrenta el reto de contener el efecto simbólico de la salida y evitar que se convierta en catalizador de nuevas inconformidades.

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