EN SÍNTESIS
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, destituyó a Camilla Fabri de Saab como viceministra para Comunicación Internacional y nombra a Rander Peña en una reconfiguración más amplia de la Cancillería que apunta a distanciar al gobierno interino de figuras emblemáticas y cercanas a Maduro. El relevo, confirmado por Rodríguez en sus redes sociales, se interpreta como parte de un desplazamiento gradual del peso político tradicional del chavismo tras la caída de Nicolás Maduro y en medio de versiones sobre la situación judicial de Alex Saab, señalado por Estados Unidos como testaferro del régimen.
EN PROFUNDIDAD
Caracas, 23 de febrero de 2026 – El anuncio de la salida de Camilla Fabri, esposa del empresario colombo-venezolano Alex Saab, del viceministerio para Comunicación Internacional marca un punto de inflexión en la transición que vive Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. Fabricó parte de la arquitectura de poder madurista y su remoción evidencia un giro de la administración de Delcy Rodríguez hacia un perfil menos dependiente de las redes tradicionales del chavismo y más alineado con exigencias de legitimidad externa y profesionalización del aparato estatal.
Rodríguez comunicó el relevo desde sus canales oficiales, anunciando la designación de Rander Peña como nuevo viceministro y agradeciendo a Fabri “por su desempeño al frente de este despacho”. En paralelo, se produjeron otros movimientos en la Cancillería con la incorporación de figuras como Oliver Blanco y Mauricio Rodríguez en distintos viceministerios, lo que sugiere una nueva correlación de fuerzas dentro del gobierno interino que busca ampliar su base de apoyo y distanciarse de los perfiles más asociados a la gestión anterior.
Camilla Fabri había ejercido como viceministra desde 2023, representando la presencia de un círculo estrechamente vinculado a la antigua cúpula madurista en un despacho clave para la comunicación internacional y la narrativa exterior del Estado. Su salida ocurre en un contexto de mayor presión política y diplomática hacia el Ejecutivo venezolano para demostrar que la transición implicará cambios reales en las élites que gobernaron hasta enero de este año.

El trasfondo de esta decisión también se entrelaza con la situación de su esposo, Alex Saab, figura controvertida que ha sido descrita por las autoridades estadounidenses como operador financiero del chavismo y que ha enfrentado diversas acusaciones relacionadas con lavado de activos y corrupción. Medios internacionales han informado sobre la captura de Saab en Caracas en un operativo conjunto con agencias estadounidenses, aunque la confirmación oficial sigue pendiente y circulan versiones contradictorias sobre su paradero.
En contexto: Alex Saab, conocido como el testaferro de Nicolás Maduro, fue capturado en Venezuela
RODRÍGUEZ SE ALEJA DE MADURO: Más allá de la dimensión personal, la salida de Fabri debe leerse como un gesto estratégico de Rodríguez para distanciar su gobierno interino de vínculos cercanos a Maduro que han sido fuertemente criticados internamente y por actores externos. Tras asumir la presidencia interina el 3 de enero, respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia y bajo fuerte influencia de la presión internacional tras la captura de Maduro, Rodríguez ha impulsado cambios que buscan presentar una imagen de renovación y apertura, tanto en la política interna como en la relación con socios internacionales.
Este proceso de redefinición se manifiesta también en otras decisiones recientes del Ejecutivo, como la aprobación de una ley de amnistía para ciertos presos políticos y cambios en otros cargos de alto nivel, medidas que parecen orientadas a generar mayor confianza externa y aliviar tensiones internas. Aunque estos movimientos han sido recibidos con escepticismo por algunos sectores de la sociedad venezolana y organizaciones de derechos humanos, constituyen parte de una narrativa de transición que Rodríguez intenta consolidar.

La decisión de apartar a una figura tan simbólica como Fabri del centro de la política exterior sugiere que Rodríguez está moldeando un nuevo perfil de liderazgo chavista pos-Maduro, menos dependiente de operadores históricos y más orientado a la gestión institucional. Esto no solo responde a presiones externas, sino también a dinámicas internas dentro del chavismo, donde nuevas facciones y liderazgos buscan definir su papel en un escenario de cambio profundo.
La forma en que se interprete este ajuste dependerá en buena medida de los pasos que Rodríguez dé en los próximos meses. Si logra consolidar una transición con reformas visibles y un equilibrio entre apertura política y estabilidad interna, su administración podría marcar el inicio de un nuevo ciclo para Venezuela; si, por el contrario, estas decisiones son percibidas como meros gestos sin impacto real, el desgaste político podría acentuarse y las tensiones internas del chavismo resurgir con fuerza.






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