EN SÍNTESIS
El senador y candidato presidencial Iván Cepeda confirma que participará en debates de cara a la primera vuelta de 2026, aunque condiciona su asistencia a reglas claras y a un formato centrado en propuestas. Lo anuncia en entrevista con Noticias Caracol, tras semanas de presión pública. El también candidato Abelardo de la Espriella responde con un reto directo y propone que ese mismo canal organice un cara a cara entre ambos. El cruce eleva la expectativa mediática y consolida la idea de que la campaña se estructura como una confrontación entre dos proyectos ideológicos opuestos.
EN PROFUNDIDAD
Bogotá, 20 de febrero de 2026 – La decisión de Cepeda no solo despeja una incógnita táctica, también redefine el terreno de la confrontación presidencial. Al confirmar que sí asistirá a debates, aunque bajo condiciones explícitas, el candidato del Pacto Histórico reduce el margen de sus adversarios para instalar la narrativa de que evita el contraste directo. Al mismo tiempo, fija un marco que busca desplazar la discusión desde el agravio personal hacia el contenido programático.
En la entrevista televisiva, el senador sostuvo que “debate profesionalmente” y que sus quince años en el Congreso acreditan su capacidad para enfrentar controversias complejas. Recordó, como antecedente, el debate que protagonizó en 2014 contra el entonces senador Álvaro Uribe, un episodio que marcó su trayectoria en el control político. Sin embargo, dejó claro que no participará en espacios dominados por insultos o descalificaciones, a los que describió como parte del deterioro del clima público.
Esa precisión no es neutra. Desde comienzos de 2026, De la Espriella ha construido su campaña alrededor de la idea de un duelo directo con Cepeda, a quien presenta como continuidad del proyecto de Gustavo Petro. En entrevistas y mensajes en redes sociales, ha asegurado que la elección se definirá entre ambos y ha citado encuestas en las que figuran en los primeros lugares de intención de voto. En ese marco, los debates no son solo un formato, sino el escenario simbólico donde busca consolidar la imagen de dos orillas enfrentadas.
La respuesta del abogado fue inmediata. Tras las declaraciones en televisión, el abogado propuso que Noticias Caracol organice un cara a cara exclusivo, argumentando que, si el anuncio se hizo en ese canal, allí debería producirse el contraste. Celebró que Cepeda “por fin” admitiera que contempla asistir a estos espacios y reiteró que está listo para discutir democracia, institucionalidad y seguridad. La insistencia pública eleva la presión para que el gesto del senador se traduzca en un encuentro concreto.

El trasfondo es una campaña que se perfila altamente polarizada. Cepeda representa al bloque identificado con la continuidad del actual gobierno, mientras De la Espriella se posiciona como antagonista frontal. En ese contexto, cada intervención pública tiene una dimensión estratégica. Para el primero, los debates son una oportunidad de defender su programa y demostrar solvencia técnica, pero también implican el riesgo de quedar atrapado en intercambios que desplacen la discusión hacia ataques personales. Para el segundo, el formato favorece su estilo confrontacional y le ofrece visibilidad nacional.
La discusión también se inscribe en un debate más amplio sobre el rol de los encuentros televisados. Diversos actores políticos han cuestionado que algunos formatos privilegian el espectáculo y el rating por encima de la deliberación sustantiva. Al exigir reglas claras y tiempos equilibrados, Cepeda intenta anticipar ese problema y fijar condiciones que limiten la descalificación. Esa posición lo obliga ahora a precisar qué considera un formato aceptable y cuáles líneas no está dispuesto a cruzar.

De la Espriella, por su parte, ha utilizado un lenguaje particularmente duro al referirse a su contendor, con expresiones que lo vinculan a proyectos que califica como autoritarios. Ese tono explica en parte la cautela del senador y, al mismo tiempo, es coherente con la estrategia del abogado de movilizar a un electorado que percibe la elección como una disputa existencial entre modelos de país.

La organización de los grandes medios será determinante. Si los principales canales estructuran debates con reglas consensuadas y presencia de todos los aspirantes, la confrontación entre Cepeda y De la Espriella se producirá en un marco institucional más amplio. Si, en cambio, prospera la idea de un cara a cara exclusivo, el encuentro podría convertirse en un punto de inflexión que ordene la campaña alrededor de esa rivalidad.
La expectativa ya está instalada y el costo político de retroceder es alto. Cepeda ha abierto la puerta y ha fijado condiciones públicas; De la Espriella ha elevado el desafío a un plano concreto y mediático. La definición sobre formatos y fechas no solo resolverá una discusión logística, también mostrará quién logra imponer las reglas del contraste en una contienda que gira, cada vez con mayor claridad, alrededor de la confrontación entre izquierda y derecha.






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