EN SÍNTESIS
El candidato presidencial Roy Barreras anunció en entrevista con BRAVA NEWS que, si gana en 2026, invitaría a Sergio Fajardo a ser su MinEducación dentro de un gabinete de “expertos”, donde también mencionó a Irene Vélez para MinAmbiente. Fajardo, también aspirante, respondió en X con un “No está ni tibio”, rechazando la propuesta. Barreras replicó defendiendo las credenciales del exgobernador y cuestionando su negativa a participar en consultas. El cruce expone una disputa por la bandera del centro y el uso político de la idea de un gabinete de unidad en plena precampaña.
EN PROFUNDIDAD
Bogotá, 19 de febrero de 2026 – Más que una propuesta, el anuncio de Barreras funciona como un movimiento estratégico en la competencia por el electorado moderado. Al poner sobre la mesa el nombre de Fajardo para Educación, intenta proyectar la imagen de un eventual gobierno respaldado por perfiles técnicos y con alta recordación pública. La respuesta inmediata del exalcalde de Medellín convierte ese gesto en un episodio de campaña que revela tensiones más profundas sobre quién representa hoy el centro político en Colombia.
Barreras hizo el planteamiento en una entrevista con el medio digital BRAVA NEWS, donde habló de un gabinete compuesto por expertos y mencionó, además de Fajardo, a Irene Vélez como posible ministra de Ambiente. El mensaje buscó enviar una señal de apertura hacia sectores que desconfían de las coaliciones cerradas y de los acuerdos estrictamente partidistas. La idea de un equipo plural apunta a tranquilizar a votantes urbanos y a segmentos empresariales que valoran la experiencia técnica en áreas sensibles como educación y política ambiental.
Fajardo respondió desde su cuenta oficial en X con una frase breve y categórica. “No está ni tibio” condensó su rechazo a la posibilidad de integrar un eventual gabinete encabezado por Barreras. La contundencia del mensaje no solo descarta la oferta, también reafirma su decisión de mantener una candidatura independiente de cualquier consulta interpartidista y de construir una alternativa propia para la primera vuelta de 2026.

La réplica de Barreras no tardó. También en X, el precandidato insistió en que considera a Fajardo un experto en educación y un hombre decente, pero lo cuestionó por no haber dado la batalla electoral y por, según su lectura, abandonar el centro al negarse a competir en consultas amplias. Con esa crítica trasladó la discusión del terreno personal al simbólico, donde lo que está en juego es la legitimidad para convocar a la franja moderada.

El antecedente inmediato de esta fricción se remonta a la campaña de 2022. Fajardo fue candidato de la Coalición Centro Esperanza, mientras Barreras actuó como uno de los principales articuladores del Pacto Histórico que llevó a Gustavo Petro a la Presidencia. En ese contexto circularon videos en los que Barreras hablaba de estrategias para afectar candidaturas de centro, lo que alimentó desconfianzas entre ambos sectores. Ese pasado añade carga política a cualquier intento de acercamiento actual.
PERFIL DE LOS CANDIDATOS: Tras su paso por la presidencia del Senado y luego por la embajada en el Reino Unido, Barreras ha buscado reposicionarse como líder de un frente amplio de centroizquierda para 2026. No quiso participar en la consulta del Pacto Histórico y, según su discurso, decidió aspirar a una convergencia más amplia con liberales y socialdemócratas -Frente por la Vida-. La mención de Fajardo encaja en esa narrativa de amplitud y pretende mostrar que su proyecto no se limita a un solo sector ideológico.

Fajardo, por su parte, sostiene que el país necesita una nueva mayoría que derrote a los extremos y ha defendido la identidad de centro como un espacio autónomo, no subordinado a la izquierda ni a la derecha. Después de los resultados de 2022, cuando su candidatura obtuvo un respaldo menor al esperado, el debate sobre la viabilidad electoral del centro se intensificó. Su negativa pública a integrar un eventual gabinete ajeno refuerza la idea de que su apuesta sigue siendo competir por la Presidencia y no negociar un rol subordinado.

El episodio también pone en evidencia el uso político del concepto de “gabinete de unidad”. En una sociedad marcada por ciclos de polarización, ofrecer cargos a figuras de otras corrientes puede leerse como gesto de conciliación o como intento de cooptación. La diferencia depende de la credibilidad del convocante y del contexto electoral. En este caso, el intercambio muestra que, al menos por ahora, no hay acuerdo posible.
A medida que avance la precampaña, la disputa por el relato del centro probablemente se intensifique. Barreras intentará consolidarse como articulador de una alianza amplia capaz de competir con opciones más ideologizadas. Fajardo buscará preservar su identidad y convencer a los votantes de que el centro puede llegar a segunda vuelta sin diluirse. El cruce en redes no define alianzas, pero sí anticipa que la competencia por ese espacio será uno de los ejes estructurales de la carrera presidencial de 2026.







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