Delcy Rodríguez confirma llamada con Gustavo Petro y abre la puerta a un encuentro binacional

EN SÍNTESIS

Bogotá, 18 de febrero de 2026 – Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro en enero, confirmó que sostuvo una llamada con el presidente Gustavo Petro y que acordaron realizar “próximamente” un encuentro binacional. La agenda incluirá cooperación económica, energética y de seguridad entre ambos países. Petro ha dicho que invitó a Rodríguez a una reunión en la frontera, posiblemente en Cúcuta, para discutir proyectos energéticos e infraestructura para comunidades vulnerables. Aunque la Cancillería colombiana considera “viable” la visita en estos días, no hay fecha ni sede confirmadas. El anuncio reactiva el diálogo directo al más alto nivel en el nuevo escenario político venezolano.

EN PROFUNDIDAD

La reconfiguración del poder en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro abrió un nuevo capítulo en la relación con Colombia. En ese contexto, Delcy Rodríguez, quien asumió como presidenta encargada en enero, confirmó que sostuvo una conversación telefónica con Gustavo Petro y que ambos acordaron celebrar “próximamente” un encuentro binacional a nivel de jefes de Estado.

Rodríguez informó del contacto a través de sus canales en Telegram e Instagram, donde señaló que la reunión tendrá como ejes la agenda económica, energética y de seguridad, con énfasis en el fortalecimiento de la cooperación y en relaciones de “respeto y trabajo conjunto”. El anuncio, sin embargo, carece aún de precisiones logísticas: no hay fecha, ciudad ni cronograma oficial.

Petro ha reiterado en intervenciones públicas que invitó a Rodríguez a un encuentro en la frontera, particularmente en Cúcuta. Su interés, ha dicho, es articular proyectos energéticos conjuntos e inversiones en infraestructura que beneficien a comunidades afectadas por pobreza, sequía y falta de servicios básicos. La Cancillería colombiana ha calificado como “viable” una visita de Rodríguez en estos días, aunque la Casa de Nariño no ha confirmado la agenda definitiva.

Colombia ocupa un lugar central en esa estrategia. Con más de 2.200 kilómetros de frontera compartida, flujos migratorios constantes y economías formales e informales entrelazadas, la relación bilateral tiene un impacto directo en la estabilidad regional. Petro, desde el inicio de su mandato, apostó por normalizar vínculos con Caracas. Reabrió la frontera, reanudó intercambios comerciales y promovió espacios de diálogo internacional sobre la crisis venezolana.

El anuncio tiene un peso político evidente. Se produce semanas después de la captura de Maduro en un operativo de Estados Unidos a inicios de enero de 2026, hecho que alteró el equilibrio interno en Caracas y obligó a la región a redefinir su interlocución con el nuevo liderazgo venezolano. Rodríguez informó entonces que había contactado a varios mandatarios para denunciar lo que calificó como una “grave agresión criminal” y subrayar que la respuesta de su gobierno sería por la vía diplomática.

En los últimos meses, la agenda común ha girado alrededor de tres frentes. El primero es el comercio y la reapertura plena de pasos fronterizos, con el objetivo de reducir contrabando y dinamizar economías locales golpeadas por años de cierre. El segundo es la seguridad, en particular la coordinación frente a grupos armados y economías ilegales que operan en ambos lados de la línea limítrofe. El tercero es la cooperación energética, en el marco de la transición que impulsa Petro y de la necesidad de enfrentar crisis climáticas que afectan zonas como La Guajira.

El componente energético aparece ahora como eje prioritario. El gobierno colombiano ha planteado que la integración con Venezuela —ya sea mediante interconexiones eléctricas o proyectos conjuntos— podría aliviar la pobreza energética y mejorar el acceso a servicios básicos en regiones críticas. Para Rodríguez, una agenda económica y energética activa con Bogotá representa una señal de gobernabilidad y de continuidad institucional del chavismo, pese a la caída de Maduro.

La interlocución directa entre ambos mandatarios también tiene un efecto diplomático. Otorga reconocimiento de facto al gobierno interino venezolano en un momento en que distintos actores internacionales evalúan cómo posicionarse frente a la nueva autoridad en Caracas. Para Petro, mantener el canal abierto refuerza su perfil de mediador regional y le permite influir en la transición política venezolana desde una posición de vecino estratégico.

No obstante, el anuncio ocurre en un entorno incierto. Estados Unidos —actor determinante y responsable de la caída de Maduro— sigue siendo una variable clave en cualquier reacomodo institucional en Venezuela. Decisiones sobre sanciones, reconocimiento diplomático o procesos judiciales pueden incidir en el margen de maniobra de Rodríguez y, por extensión, en la profundidad de los acuerdos con Colombia.

En el corto plazo, el paso decisivo será concretar la reunión presencial. Si se realiza en una ciudad fronteriza como Cúcuta, el gesto tendría un alto simbolismo, siendo trasladar el diálogo político al territorio donde confluyen los efectos más visibles de la crisis venezolana y de la integración bilateral. De ese encuentro podrían surgir memorandos de entendimiento en energía, infraestructura y seguridad, aunque su ejecución dependerá de capacidades técnicas y de consensos internos en ambos países.

El anuncio de la llamada no resuelve la complejidad del nuevo escenario venezolano, pero confirma que Bogotá y Caracas buscan estabilizar su relación bajo reglas redefinidas. En una frontera marcada por años de tensiones, cierres y crisis migratoria, la eventual cumbre entre Petro y Rodríguez puede convertirse en el primer termómetro de cómo se reordena el eje político y económico binacional tras la era Maduro.

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