Bogotá, 10 de febrero de 2026 – Las cartas escritas por dos niñas colombianas de 9 y 14 años, recluidas en un centro de detención migratoria en Texas, EE. UU., revelaron condiciones de encierro, angustia emocional y denuncias de mala atención mientras permanecen bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), según una reciente investigación periodística.
Los escritos fueron recopilados por periodistas del medio investigativo ProPublica y salieron del Centro de Procesamiento de Inmigración de Dilley cuando un adulto detenido fue liberado el 20 de enero. Allí permanecen familias completas bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Entre los testimonios aparecen los de María Antonia Guerra Montoya, de 9 años, y Gaby M. M., de 14, ambas colombianas. La primera aseguró que viajó desde Medellín a Florida para visitar a su madre durante unas vacaciones, pero terminó detenida junto a ella por la situación migratoria de la adulta. Según su relato, fue retenida luego de que las autoridades ubicaran a su madre, quien había excedido el tiempo de permanencia permitido en el país.

Relato de las niñas
“Extraño a mis amigos y siento que me van a olvidar. Estoy aburrida aquí. Ya extraño mi país y mi casa, vine de vacaciones por 10 días y me llevaron a una oficina de ICE, un oficial me interrogó 2 horas sin mi mamá, viajaba con azafata porque mi mamá vive en Nueva York, solo querían arrestar a mi mamá, porque mi mamá no tenía documentos para vivir en Estados Unidos. Siempre viajé con mi visa de turista, pero ICE me usó para atrapar a mi mamá y ahora estoy en una cárcel y estoy triste y me he desmayado dos veces aquí adentro. Cuando llegué todas las noches lloraba y ahora no duermo bien, sentí que estar aquí era mi culpa y solo quería estar de vacaciones como una familia normal. No me dan mi dieta, soy vegetariana, no como bien, no hay buena educación y extraño a mi mejor amiga julieta y a mi abuela y mi escuela, ya quiero llegar a mi casa. No estoy feliz, por favor sáquenme de aquí a Colombia”.


La adolescente Gaby también describió deterioro emocional. “Quiero decirles cómo me siento. Es un infierno. Tengo muchas ganas de irme”, escribió. Señaló que no ha recibido educación adecuada, que la comida es repetitiva y que funcionarios “tienen mala manera de hablar” con los detenidos.
Las cartas hacen parte de un conjunto de mensajes de menores de entre 5 y 17 años que incluyen dibujos y peticiones para salir. Varios niños relatan llanto nocturno, ansiedad y miedo ante la deportación.
Según la investigación, a inicios de febrero de 2026 había más de 750 familias en Dilley, casi la mitad con niños, además de unas 370 mujeres adultas solas. El número de menores bajo custodia migratoria se ha multiplicado por seis desde el inicio de la actual administración estadounidense.

El Departamento de Seguridad Nacional sostuvo que los detenidos reciben atención médica, tres comidas diarias, artículos de aseo y acceso a maestros y aulas, y que las familias pueden elegir ser deportadas juntas o reubicar a los menores con otro cuidador.
Los testimonios, sin embargo, describen un entorno percibido por los niños como de encierro prolongado, con impacto psicológico y educativo, mientras se desconoce cuántos de los autores de las cartas siguen detenidos o ya fueron deportados.







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