A menos de cuatro meses de la primera vuelta del 31 de mayo de 2026, la nueva medición de AtlasIntel contratada por la revista Semana consolidó el escenario que desde finales de 2025 se venía insinuando. La carrera por la Casa de Nariño se convirtió en un duelo directo entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. La diferencia entre ambos es de apenas 0,7 puntos, dentro del margen de error aproximado del 1%.
El estudio se realizó entre el 27 de enero y el 4 de febrero con 7.298 entrevistas presenciales en todo el país, una muestra inusualmente grande para estándares colombianos. Según los resultados divulgados, De la Espriella registra 32,1% de intención de voto en primera vuelta, mientras Cepeda alcanza 31,4%.
El resto del espectro político aparece muy lejos. Las candidaturas de centro y de derecha tradicional quedan en un solo dígito y ninguna se aproxima al 10%, confirmando un reordenamiento del mapa político. La elección dejó de ser multipartidista en términos competitivos y pasó a organizarse alrededor de dos polos.

Además, el voto en blanco, los indecisos y la abstención potencial siguen representando un segmento relevante del electorado, lo que indica que la campaña aún tiene espacio de crecimiento, pero principalmente para los dos punteros.
La segunda vuelta ya domina la campaña
La encuesta prácticamente descarta una definición en primera vuelta. Ningún candidato se acerca al umbral del 50%+1 requerido para ganar el 31 de mayo, por lo que el escenario central es una segunda vuelta el 21 de junio.
En ese contexto, AtlasIntel midió enfrentamientos directos. Allí aparece un dato políticamente decisivo: De la Espriella sería el único rival capaz de derrotar a Cepeda en segunda vuelta, con 43,9% frente a 33,6%. En emparejamientos con otros candidatos, Cepeda resultaba competitivo o ganador.

Esto convierte la elección en algo más que izquierda contra derecha. El eje real es el enfrentamiento específico entre ambos, no un bloque ideológico amplio.
La clave: polarización y debilidad del centro
La medición confirma una tendencia que se consolidó desde noviembre de 2025. Primero, encuestas del Centro Nacional de Consultoría mostraron a Cepeda liderando. Luego, sondeos de finales de 2025 y enero de 2026 empezaron a evidenciar el ascenso acelerado de De la Espriella. La nueva medición ya no habla de ascenso, sino de empate.
El fenómeno tiene una explicación estructural. El centro político aparece fragmentado. Figuras que en otros ciclos electorales podían competir —especialmente candidaturas moderadas— hoy no logran romper el techo electoral ni construir narrativa dominante. En términos prácticos, el electorado competitivo se está redistribuyendo hacia los extremos.

El abogado capitaliza voto anti-Gobierno y malestar institucional, mientras Cepeda concentra el electorado de continuidad y del progresismo. Así, la elección adquiere un carácter plebiscitario sobre el rumbo del país.
Lo que realmente está en juego
Más allá de los porcentajes, la encuesta tiene un fuerte efecto político, instala la percepción de inevitabilidad. Cuando reiteradas mediciones muestran siempre a los mismos dos punteros, los actores políticos —partidos, financiadores y liderazgos regionales— tienden a alinearse.
Esto presiona a candidaturas intermedias a retirarse, negociar o adherir. En consecuencia, la campaña puede acelerarse hacia una lógica binaria antes incluso de la primera vuelta.
En síntesis, la medición de AtlasIntel no solo describe la elección: ayuda a estructurarla. Si la tendencia se mantiene, Colombia se encamina a una segunda vuelta altamente polarizada entre dos proyectos de país opuestos, con el centro reducido a un papel marginal y con la campaña definida menos por programas y más por la disputa sobre continuidad o ruptura política.






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