El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que habilita la imposición de aranceles a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba, como parte de una nueva escalada de presión económica contra la isla.
Según el documento publicado por la Casa Blanca, Washington podrá aplicar un gravamen adicional a las importaciones provenientes de naciones que, “directa o indirectamente”, comercialicen crudo con el Gobierno cubano. La medida se sustenta en la declaración de una “emergencia nacional” por considerar que la situación de Cuba representa una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
En la orden, Trump acusa al régimen cubano de violaciones sistemáticas de derechos humanos, persecución a opositores políticos y restricciones a la libertad de expresión y de prensa. Además, señala que La Habana mantiene vínculos con actores que Washington considera hostiles, como Rusia, China, Irán, Hamás y Hizbulá.
La normativa establece que el secretario de Comercio, Howard Lutnick, será el encargado de determinar qué países venden o suministran petróleo a Cuba, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, decidirá si se impone el arancel y en qué magnitud. El texto no fija un porcentaje específico, pero deja abierta la posibilidad de aplicar un gravamen adicional sobre los productos de los países involucrados.
Trump también advirtió que podría reconsiderar la medida si Cuba o los países afectados “se alinean suficientemente con los Estados Unidos” en materia de seguridad nacional y política exterior. No obstante, el tono general de la orden apunta a intensificar el aislamiento económico de la isla.
El anuncio se produce en un contexto regional marcado por cambios en el suministro energético de Cuba. Tras la captura de Nicolás Maduro, Venezuela dejó de ser el principal proveedor de crudo para la isla, y otros países, como México, han pasado a ocupar un rol más relevante en el abastecimiento.
Washington considera que el fin del envío de petróleo venezolano y la presión sobre terceros países pueden acelerar un cambio político en Cuba, que atraviesa una profunda crisis económica y energética. La isla enfrenta desde hace años escasez de combustible, con impactos directos en la generación eléctrica y en el funcionamiento de sectores clave de su economía.
Con esta nueva orden, la administración Trump busca ampliar el alcance de sus sanciones y trasladar el costo de la relación energética con Cuba a otros países, elevando la tensión diplomática y comercial en la región.







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