La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, lanzó este fin de semana duras declaraciones contra el Gobierno de Estados Unidos y la Casa Blanca, al rechazar lo que calificó como presiones políticas, económicas y militares sobre su país, tras la salida de Nicolás Maduro del poder y la reciente intervención estadounidense.
Rodríguez se pronunció luego de que el presidente Donald Trump anunciara que su gobierno ejercerá una especie de “supervisión” sobre Venezuela en los próximos años. Aunque Washington reconoció a Rodríguez como presidenta interina y ha condicionado su permanencia en el cargo a una cooperación estrecha, las tensiones entre ambas partes han ido en aumento a pocas semanas del cambio político en Caracas.
Durante un discurso dirigido a la opinión pública nacional e internacional, la mandataria fue enfática en señalar que las decisiones políticas de Venezuela deben ser tomadas por los propios venezolanos y no por gobiernos extranjeros. “Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela. Que sea la política con P mayúscula y con V de Venezuela la que resuelva nuestras divergencias y conflictos internos”, afirmó.
Rodríguez sostuvo que está dispuesta a mantener canales de diálogo con Estados Unidos, pero dejó claro que estos deben darse desde el respeto mutuo y sin imposiciones. “Desde las diferencias tenemos que hablarnos con respeto, encontrarnos y alcanzar acuerdos, pero sin órdenes externas, ni desde Washington, ni desde Bogotá ni desde Madrid”, señaló.
En ese contexto, la presidenta interina reiteró su propuesta de impulsar un diálogo político nacional que incluya a sectores de la oposición, con el objetivo de alcanzar estabilidad y paz política. Además, subrayó su compromiso de avanzar en la liberación de presos políticos detenidos durante el régimen chavista, como un gesto para facilitar la reconciliación interna.

Las declaraciones se producen en medio de un escenario complejo, marcado por la presión de Estados Unidos para reactivar la producción petrolera con participación de empresas norteamericanas y por las exigencias que ha recibido el nuevo gobierno venezolano desde el exterior. Desde el Palacio de Miraflores, Rodríguez ha insistido en que su prioridad es reconstruir la institucionalidad del país sin sacrificar la soberanía nacional.
El pulso entre Caracas y Washington, aunque todavía en una fase inicial, deja en evidencia que la relación entre ambos gobiernos estará atravesada por tensiones, incluso en un contexto de reconocimiento diplomático y cooperación condicionada.







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