El presidente Gustavo Petro reaccionó con dureza al anuncio del Congreso de Estados Unidos sobre el recorte del 50 % en la ayuda que ese país destina anualmente a Colombia. Desde su cuenta de X, el jefe de Estado criticó que la relación bilateral se mida en términos de dinero y aseguró que “Colombia no vale 170 millones de dólares”, haciendo una comparación histórica con la separación de Panamá.
“Colombia no vale 170 millones de dólares, como no valía 13 millones cuando la oligarquía vendió a Panamá”, escribió Petro, en alusión directa al valor simbólico que algunos sectores en EE. UU. asignan a su cooperación con el país.
El recorte, aprobado en el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, impactaría directamente los fondos destinados a programas sociales, económicos y de seguridad. Aunque la decisión aún debe pasar por el pleno del Congreso y el Senado, ya genera tensiones diplomáticas.
Petro defendió que Colombia también aporta en la lucha antidrogas, y afirmó que ha invertido incluso más que la suma recortada. “Nosotros invertimos más de 170 millones de dólares ayudando a que la sociedad de los EE. UU. no consuma tanta droga”, señaló, sugiriendo que esos recursos podrían tener mayor impacto si se enfocaran en la prevención del consumo y la educación en territorio estadounidense.
El presidente ironizó sobre el consumo de marihuana en las calles de Wall Street y abogó por un enfoque centrado en la salud pública y las libertades individuales. “Menos marihuana se olería en las calles de Wall Street, y más libres serían los ciudadanos y ciudadanas de Nueva York, con absoluto respeto a sus vidas privadas”, expresó.
En su pronunciamiento, Petro también defendió su derecho a expresarse con libertad, evocando tanto a los padres fundadores de EE. UU. como a Simón Bolívar. “Ejerzo mi parresía, nadie me la silencia mientras esté vivo”, sentenció.
El debate en Washington continúa, pero el mensaje de Petro deja claro que Colombia no aceptará una relación basada exclusivamente en cifras. La tensión entre los dos gobiernos se intensifica, justo en un momento en el que el enfoque global sobre las drogas está siendo cada vez más cuestionado.







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