Eva Buzo culmina su travesía en el Pacífico y deja un mensaje de resistencia desde Buenaventura

Después de más de diez horas nadando entre las aguas del Pacífico colombiano, la nadadora de ultra maratón Eva Buzo tocó tierra en el malecón Bahía de la Cruz, en Buenaventura. Había iniciado su recorrido de 40 kilómetros en la madrugada, partiendo desde Juanchaco. Lo hizo en silencio, con la fuerza de una causa detrás, visibilizar una región golpeada por la violencia, la pobreza y el abandono institucional.

Buenaventura no solo es el principal puerto del país, también es el corazón de un territorio históricamente marginado por el proyecto nacional. Pese a su importancia económica y cultural, ha sido durante décadas símbolo del rezago estatal. Por eso, esta travesía fue pensada como un gesto político y una forma de narrar la dignidad de las comunidades del Pacífico colombiano.

Lo simbólico como punto de partida

La iniciativa fue promovida por la Fundación Open Society, con apoyo de organizaciones locales y de la Iglesia. Según Hugo Tovar, director asociado para América Latina de esa organización, el propósito fue claro: “Queremos que esta narrativa simbólica se convierta en una plataforma para exigir políticas públicas que estén a la altura de las necesidades históricas del Pacífico”.

Eva Buzo, nacida en Albania y nacionalizada australiana, no es solo una atleta de alto rendimiento. Es abogada especializada en litigio estratégico, y ha cruzado fronteras a nado en defensa de distintas causas sociales. En 2023, se convirtió en la primera mujer en unir Italia y Albania en un trayecto de 92 kilómetros y 35 horas de duración. En Buenaventura, sin embargo, no nadó para sí misma, sino para que otras mujeres jóvenes de la región se vean reflejadas en ese esfuerzo.

“Escuché que había muchas mujeres jóvenes que me estaban viendo y viéndose a ellas mismas como atletas. Prometo que volveré a apoyar a quien decida hacer este nado después”, dijo al final del trayecto, entre aplausos y conmovida por lo vivido. “Me enseñó bastante sobre resiliencia”, añadió.

La apuesta de Open Society y de las organizaciones aliadas es reconfigurar el imaginario colectivo sobre el Pacífico. Mostrar un territorio vivo, con liderazgos sociales fuertes, cultura vibrante y comunidades que no abandonan su tierra, a pesar de décadas de indiferencia estatal.

Desde tiempos coloniales, el Pacífico ha sido relegado al margen. Lo confirman las estadísticas, pero también lo gritan las calles de Buenaventura. Falta de acceso a salud, educación, infraestructura y oportunidades son parte de una deuda que aún no se salda. Frente a ese panorama, el cuerpo de Eva en el agua no solo fue esfuerzo físico, sino también memoria y resistencia.

La travesía terminó. Pero si algo dejó claro este acto, es que visibilizar también es transformar. Lo que ocurrió en Buenaventura fue una declaración de principios. Y en un país que tantas veces ha mirado hacia otro lado, a veces se necesita que alguien cruce el mar para obligarnos a mirar de frente.

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