Desde las costas de Juanchaco hasta el malecón Bahía de la Cruz, en Buenaventura, la nadadora australiana Eva Buzo está realizando una travesía de más de 40 kilómetros por aguas del Pacífico colombiano. El reto, que inició a las 2AM y puede tomar más de 10 horas continuas, es una hazaña deportiva, y un mensaje político, social y simbólico que intenta poner en el centro del debate público a una región históricamente marginada del proyecto nacional.
Buenaventura, corazón del Pacífico colombiano y principal puerto del país, ha sido durante décadas epicentro de violencia, pobreza y abandono institucional. A pesar de su importancia económica, esta ciudad ha sido tratada como periferia. Lo que debería ser símbolo de riqueza y diversidad, ha sido estigmatizado como territorio de conflicto y desesperanza. Pero esta vez, la historia se cuenta desde el heroísmo.

Una narrativa desde el cuerpo y el territorio
Eva Buzo, además de ser nadadora de ultramaratones, es abogada de derechos humanos y defensora de causas sociales. Su participación en esta travesía responde a una estrategia de comunicación cuidadosamente pensada. Nadar durante horas entre corrientes adversas, como lo han hecho por generaciones las comunidades afrocolombianas para mantenerse en pie.
Esta acción fue promovida por la Fundación Open Society, una organización global que impulsa derechos humanos, democracia y justicia social. Según explicó Hugo Tovar, director asociado de Reducción de Homicidios y Seguridad Ciudadana para América Latina en Open Society, el evento fue concebido como una forma de amplificar la voz del Pacífico colombiano, en los medios nacionales y ante audiencias internacionales.

“Queremos que esta narrativa simbólica se convierta en una plataforma para exigir políticas públicas que estén a la altura de las necesidades históricas del Pacífico”, señaló Tovar, al subrayar que lo simbólico no debe quedarse en espectáculo, y debe abrir paso a compromisos estructurales.
Durante décadas, el Pacífico ha sido visto únicamente a través del lente del conflicto armado, el narcotráfico o las estadísticas de pobreza. La apuesta detrás de esta iniciativa es cambiar ese relato, mostrar una región con dignidad, liderazgo comunitario y riqueza cultural. Buzo, al nadar en esas aguas, reconfigura el imaginario colectivo. No como outsider, sino como aliada que pone su cuerpo en una acción de resistencia y visibilización.
Esta estrategia también busca interpelar a la opinión pública urbana, a quienes toman las decisiones políticas y a los medios de comunicación, acerca de ¿Cuántas Buenaventuras existen que no han sido contadas desde el valor y la vida, sino solo desde el dolor?

La travesía es un acto deportivo, y a la vez un ejercicio de memoria. Desde tiempos coloniales, las poblaciones del Pacífico han sido invisibilizadas, a pesar de ser pilares de la diversidad cultural del país. Esa deuda histórica sigue vigente. Acceso limitado a salud, educación, infraestructura y oportunidades laborales son síntomas de un modelo que aún trata a estos territorios como secundarios.
Lo que ocurre en el agua hoy en Buenaventura es una proeza física, y una declaración política. Es un recordatorio de que el país sigue en deuda con quienes viven en sus bordes, que muchas veces han sido sus pilares.
El gesto de Eva Buzo y la apuesta de Open Society, son una forma de decir que la transformación también puede empezar desde un acto simbólico. Pero el reto más grande es lograr que después del nado, llegue el cambio.







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