Una dura carta enviada al presidente Gustavo Petro por parte de nueve excancilleres reactivó el debate sobre los criterios de selección en la política exterior colombiana. La misiva surge tras la instrucción del mandatario a la canciller Laura Sarabia para que revise y flexibilice los requisitos exigidos para el nombramiento de embajadores.
El pedido del presidente se conoció durante el último consejo de ministros, donde defendió la idea de democratizar el acceso a cargos diplomáticos: “Un campesino también puede ser embajador”, dijo Petro. Esta postura fue interpretada por los exfuncionarios como un debilitamiento del servicio exterior y una amenaza a la carrera diplomática, lo que motivó la reacción colectiva.
La carta, firmada por figuras como Marta Lucía Ramírez, María Ángela Holguín, Jaime Bermúdez y Guillermo Fernández de Soto, entre otros, advierte que modificar el Decreto Ley 274 de 2000 —que regula los requisitos de la carrera diplomática— no puede hacerse por vía administrativa, sino que debe pasar por el Congreso. “Su enfoque actual debilita nuestras instituciones”, escribieron.
Además, expresaron preocupación por los perfiles de algunos nombramientos recientes.“Desde 2022, sus cancilleres han hecho designaciones que incumplen los requisitos de formación académica, experiencia, probidad e idoneidad”, señalaron. También cuestionaron que se soliciten beneplácitos para embajadores sin la trayectoria ni la preparación necesarias, lo cual, según ellos, compromete la credibilidad de Colombia ante sus aliados estratégicos.
Frente al tono confrontativo de la carta, otro de los excancilleres que alzó la voz fue Luis Gilberto Murillo, el más reciente de los excancilleres, y exembajador en los EE. UU, quien sin entrar en polémica directa, reafirmó su visión de una política exterior más incluyente. “Estoy convencido de que es posible avanzar hacia una diplomacia más diversa e incluyente, sin perder el rigor ni el respeto por la carrera diplomática”, escribió en su cuenta de X.
Su postura apunta a una reforma con equilibrios. Mantener los estándares del servicio diplomático, pero abriéndolo a sectores históricamente excluidos, sin perder la institucionalidad del sistema.







Deja un comentario