El papa Francisco, líder espiritual de millones de católicos, murió este lunes a los 88 años en el Vaticano, tras una vida dedicada a la Iglesia y a la promoción de la justicia social. El cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell anunció el deceso, ocurrido a las 7:35 a.m., y destacó el compromiso del pontífice con los más necesitados.
El fallecimiento sorprendió al mundo, pues apenas el domingo Francisco impartió la bendición de Pascua desde el balcón de la basílica de San Pedro. Pese a su reciente hospitalización por una neumonía bilateral, que lo mantuvo 38 días internado hasta el 23 de marzo, el papa participó activamente en las celebraciones de Semana Santa. Su última aparición incluyó un recorrido en el papamóvil y un breve encuentro con el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance.
Un pontificado transformador
Nacido como Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires en 1936, Francisco fue el primer papa latinoamericano y jesuita en la historia de la Iglesia. Elegido en 2013 tras la renuncia de Benedicto XVI, su pontificado se distinguió por su enfoque en la humildad, la inclusión y la lucha contra la desigualdad. Promovió reformas para combatir la corrupción en el Vaticano, ampliar el rol de las mujeres y enfrentar el abuso sexual clerical, aunque este último desafío persistió como una sombra sobre su legado.
Francisco también se destacó por su defensa del diálogo interreligioso y su mediación en conflictos globales, como los de Ucrania y Medio Oriente. Sin embargo, sus posturas progresistas generaron resistencia entre sectores ultraconservadores de la Iglesia, mientras que algunos católicos esperaban cambios más profundos en temas como el celibato o la homosexualidad.

Preparativos en el Vaticano
La muerte de Francisco marca el inicio del “interregno papal” y un período de luto de nueve días, conocido como los Novendiales. Su cuerpo será exhibido en la basílica de San Pedro, y el funeral se realizará entre el cuarto y sexto día. Los cardenales menores de 80 años se reunirán en un cónclave para elegir a su sucesor, un proceso que podría tomar entre dos y tres semanas.
El impacto de Francisco resuena en fieles y no creyentes. Su mensaje de unidad y servicio continúa inspirando, mientras la Iglesia enfrenta el desafío de definir su futuro. El Vaticano sigue en silencio, a la espera de los próximos pasos.







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