La Corte Constitucional declaró en desacato al ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, por el incumplimiento de órdenes relacionadas con el pago de las deudas de los presupuestos máximos del sector salud correspondientes al 2022. La Sala de Seguimiento de la Corte tomó esta decisión tras evaluar el retraso en los pagos, fijando un plazo de 48 horas para que se desembolsen los 819.000 millones de pesos adeudados y se estructure una metodología para reajustar dichos presupuestos.
Sin embargo, el magistrado Vladimir Fernández, exsecretario jurídico del presidente Gustavo Petro, se opuso a la medida, argumentando que las políticas de salud requieren un análisis más profundo de las dinámicas y los tiempos necesarios para su implementación.
En su salvamento de voto, Fernández expresó que la medida punitiva podría dificultar un análisis mesurado y coordinado que impulse el cumplimiento de las órdenes judiciales. Destacó que los plazos cortos establecidos por la Corte no garantizan la ejecución efectiva de las órdenes, especialmente en un contexto donde las demoras se han atribuido al bajo recaudo de recursos.
«Las dinámicas y complejidades propias de las políticas públicas en salud, incluyendo la construcción de consensos y estrategias, muchas veces dificultan el cumplimiento en plazos estrictos», señaló el magistrado. Además, advirtió que las medidas sancionatorias pueden desviar el objetivo principal de la Corte, que es garantizar la sostenibilidad del sistema y proteger el derecho fundamental a la salud.
Impacto en el cumplimiento del sistema de salud
El desacato decretado por la Corte Constitucional busca presionar al Gobierno para saldar las deudas pendientes y establecer mecanismos que aseguren el financiamiento adecuado del sistema de salud. No obstante, Fernández insistió en que las medidas adoptadas deberían considerar los desafíos estructurales del sistema y trabajar de manera colaborativa con las autoridades responsables del presupuesto.
«El propósito de la Sala debe centrarse en garantizar la sostenibilidad del sistema y la efectividad del derecho a la salud, en lugar de diluir los esfuerzos en medidas que pueden dificultar un análisis coordinado y propositivo», concluyó Fernández.
La decisión de desacato ha generado un debate sobre la capacidad del Gobierno para atender las exigencias del sistema de salud en medio de las restricciones presupuestarias y los desafíos de ejecución, abriendo una discusión más amplia sobre la sostenibilidad y la priorización de los derechos fundamentales en Colombia.







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